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Biden: The real good old boy

Diego Martín Velázquez Caballero


El presidente de los Estados Unidos de América implementó una estrategia de homologar su gobierno a la gran figura de Franklin Delano Roosevetl y el New Deal. En campaña, Biden se decidio a usar conceptos motivadores de unidad y reconstrucción menos radicales que Donald Trump y con ello alcanzó la titularidad del poder ejecutivo estadounidense frente al nacionalismo conservador ultracristiano. La retórica de la conciliación, empleo, inclusión, igualdad, comunitarismo y progresismo liberal fue más potente en un Colegio Electoral destinado a preservar el sentido aristocrático de la democracia norteamericana.

Aún cuando las encuestas generan un clima adverso para la administración de Joe Biden, resulta importante analizar la conducta del sistema electoral estadounidense. La idea de que no siempre quien tiene el voto popular alcanza el apoyo de los compromisarios electorales, es una advertencia para la moderación política y los protagonismos de campaña. Donald Trump tiene razón en varios aspectos críticos enfocados al monstruo pentagonista, financiero e imperialista yanqui; pero sus propuestas no son racionales ni de sentido común en un momento histórico como el que vive la humanidad y su país. Trump ha desnudado los intereses oligárquicos que representan el Leviathan gringo; sin embargo, no tiene una agenda pública para sustituir el complejo industrial financiero militar, ni el gigante burocrático de la administración pública. Su potencia de gobierno quedó demostrada en la presidencia a su cargo.

De ahí que Joe Biden, con su intento de reflejar a Roosevelt –el viejo-, pero con mayor prudencia y sabiduría, represente el mal menor para el círculo interior del sistema político norteamericano. El mal llamado “Deep State” de Estados Unidos, comprende que si gana Donald Trump esta vez no lo pueden engañar o desobedecer. Trump pretende llegar como un Alejandro Magno que rompa los nudos de la administración pública y el federalismo, incluso si esto significa dividir la Unión Americana y dar pie a las nueve naciones históricas.

Las últimas administraciones demócratas han sido injustas con México, tienen razón en considerar que la obligación del orden corresponde al propio gobierno mexicano. Sin embargo, la vecindad mexicana les afecta más por su obcecación en descuidad el colonialismo. México no puede autogobernarse porque depende, para bien y para mal, de los Estados Unidos.

A Franklin D. Roosevelt, México le debe la noción de una racionalidad burocrática en la construcción del Estado de Bienestar. Cardenismo y Avilacamachismo constituyen un puente de gobernabilidad mexicana y conexión a la seguridad nacional de los Estados Unidos. No obstante, México no puede crecer al ritmo de los Estados Unidos. El control político del país también generó un gradualismo en su evolución

Desarrollismo y neoliberalismo consideraron que las cosas se podían hacer más rápido, el error probablemente se encuentra en el impulso efebocrático de algunos momentos.

No obstante las contradicciones entre México y Estados Unidos por ahora, AMLO impulsó la figura metapolítica de FDR para concientizar al poder americano de la necesidad de moderar el liberalismo financiero y el conservadurismo nacionalista.

Cuando se piensa en lapso histórico de la posguerra hasta las décadas de la imaginación utópica en el siglo XX, probablemente las cosas eran bastante reguladas, sin embargo, la gerontocracia dirigente tomó decisiones positivas para que la humanidad no se exterminara. Esa nostalgia democrática de la que habla Anne Applebaum probablemente se refiera a esos años en que nazismo, neoliberalismo y libertarianismo estaban tan controlados como el comunismo. Nixon cuestionaba esos estilos de liderazgo, pero ni Kennedy o Nixon se asemejan a FDR, Charles de Gaulle o Adenauer.

¿Qué Roosevelt elegirá esta vez el Colegio Electoral de Estados Unidos: el viejo o el joven? Aunque el diagnóstico de Trump puede ser correcto en muchas cuestiones, en realidad su estilo de gobierno presenta los rasgos del “Síndrome de Peter Pan” tan peligroso como los extremismos que ponen al mundo al borde de su extinción.

Franklin Delano Roosevelt está de moda y eso puede cambiar muchas cosas en el futuro de México y Estados Unidos. La nostalgia neoliberal radica en no ponderar su fracaso apropiadamente y reconocer la importancia del orden público, mientras la brújula se encuentre extraviada para los liberales incivilizados, los radicalismos avanzarán hasta la sala y el comedor.

Aunque el magnetismo del lopezobradorismo también atrae a Donald Trump, y el personaje lo considera su “amigo socialista”, los misiles son un punto de avance por encima del muro y, en la política seria, esos datos no se pueden dejar de lado. ¿Qué Roosevelt es el preferido del PRIANRD? ¿No será el momento de atender las ideas de Ken Salazar y Jesús Reyes Heroles?

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