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Bloque Negro: los endemoniados

  • fermarcs779
  • Oct 20
  • 4 min read

Xochitl Patricia Campos López 

 

El antisemitismo en las universidades mexicanas es un peligro que crece en la sombra del progresismo. En los últimos años, las universidades públicas mexicanas se han convertido en escenarios de un fenómeno alarmante: el resurgir del antisemitismo y la propagación de discursos proislamistas que, en algunos casos, alcanzan tintes yihadistas. Este fenómeno no surge en un vacío, sino que es resultado de una compleja red de manipulaciones políticas y culturales que utilizan los movimientos progresistas, como el Bloque Negro, los anarquistas, populistas, anticapitalistas y comunistas, para dividir y distraer. 

 

Fiodor Dostoyevski advirtió que los movimientos sociales suelen ser manipulados para fines políticos, y en México, esa sentencia parece hacerse realidad. Daniel Cosío Villegas señalaba que los universitarios son carne de cañón, lo que hoy se evidencia en cómo ciertos sectores radicalizados aprovechan las instituciones académicas para impulsar agendas ideológicas extremas. El aparente “incendio” de las universidades no solo es un acto de violencia, sino una estrategia para ocultar la creciente infiltración del narcotráfico y la ingobernabilidad que azotan al país. La corrupción y la complicidad entre gobernadores y organizaciones criminales parecen ser un problema que las autoridades federales, en su debilidad, no logran contener.  

 

Mientras tanto, los movimientos populistas progresistas, que al parecer buscan emular el terrorismo árabe, no se asemejan en la magnitud o la brutalidad a las organizaciones criminales que asolan regiones completas. El Bloque Negro en la universidad pública compite a los escuadrones y sicarios del narcotráfico que tienen en guerra civil a México. Sin embargo, en su discurso antiisraelí y antioccidental, estos grupos fomentan un caldo de cultivo para el antisemitismo. La educación en las instituciones públicas se ve gravemente afectada por estas posturas radicales, que parecen tener como objetivo retrasar el desarrollo educativo y cultural del país. 

 

En las universidades privadas, aún se intenta regular y limitar estos discursos. Casos como el de Irmngard Emmelheinz evidencian la complejidad del problema. Emmelheinz, que en su autobiografía revela nexos raciales y culturales con perspectivas judías, abrazó el antisemitismo bajo la perspectiva de los conflictos familiares y posteriormente geopolíticos. No obstante, según la narrativa de esta autora, la mayor parte de los habitantes iberoamericanos tendríamos que ser antisemitas por las paradojas originados en la percepción y externalidad de la cultura sefaradí. En la ultraderecha mexicana era frecuente y absurda la acusación de “judaísmo marrano o criptojudaísmo” para evidenciar a quienes no se comprometían con posturas filonazis, incluso la cercanía de Francisco Franco y Adolfo Hitler es analizada bajo esta condición. Ese es un problema de los alemanes nazis y sus traumas, incluso de los hispanistas que sufren por ser España una nación multicultural y plurirracial, impura dirán los ariosóficos. El progresismo español es tan bipolar como el falangismo. Emmelheinz se presenta adoptando visiones parciales al estilo de Norman Finkelstein, pero los contextos son distintos; incluso las circunstancias biográficas. El imperialismo es norteamericano, pero Israel y Estados Unidos son cosas distintas.  

 

El antisemitismo de izquierda refleja la polarización y la intolerancia que se ha instalado en el entorno clientelar de las universidades públicas, cuestionando el entorno académico que es el más vulnerable. En un documento circulado en la UNAM, los estudiantes proponen democratizar el acceso y detener la violencia, pero también demandan la destitución de quienes consideran responsables de promover discursos de odio, evidenciando la gravedad de la situación. Francisco Gil White ha señalado el asedio en diversos espacios públicos educativos de nuestro país no sólo contra los judíos sino contra quienes defienden la democracia liberal. ¿Por qué el Bloque Negro no lucha contra los narcotraficantes, tratantes de personas y delincuentes? Dejar paralítica a una mujer policía demuestra sus verdaderos objetivos ¿Representa una lucha justa cien ácratas contra una mujer policía?  

 

El discurso antisemita en las universidades públicas ha ido en aumento, con una resonancia cada vez más estrambótica. La influencia de figuras como Alfredo Jalife, un analista geopolítico que aboga por la soberanía latinoamericana y alianzas con los BRICS, ejemplifica cómo ciertos intelectuales y sectores políticos se ven envueltos en narrativas que cruzan las fronteras de lo académico para convertirse en instrumentos de ideologías extremistas. La influencia de los círculos progresistas y su postura pro Palestina, que en ocasiones roza el cuasi yihadismo, refleja un escenario pragmático donde el discurso radical se mezcla con intereses internacionales y locales, ocultando la bandera de la verdad. 

 

Por otro lado, la posible financiación del Bloque Negro por actores externos, como Qatar, y la presencia de legisladores mexicanos en Egipto promoviendo boicots a Israel, evidencian una estrategia de infiltración que busca deslegitimar y destruir la cultura occidental, en particular la Israelí. Este escenario representa un peligro real para la estabilidad y el desarrollo del país, que se ve amenazado por ideologías extremistas disfrazadas de progresismo. 

 

El antisemitismo en las universidades mexicanas no es solo un problema de intolerancia, sino una amenaza a la pluralidad, el conocimiento y la convivencia democrática; también representa la admisión del narcoterrorismo. Es urgente que la sociedad y las instituciones académicas reconozcan la gravedad de estos discursos y actúen con firmeza para frenar su expansión, antes de que el odio y la polarización se conviertan en la norma en nuestro sistema educativo y, en última instancia, en nuestra convivencia social. 

 
 
 

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