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Certificar a Estados Unidos

  • Jul 22, 2025
  • 2 min read

Xochitl Patricia Campos López

Las desproporciones entre México y la superpotencia americana son evidentes en numerosos aspectos. Sin embargo, ante los constantes señalamientos de la administración estadounidense —particularmente aquellos provenientes de posturas como la trumpista—, que acusan a México de corrupción, narcopolítica y un sinfín de problemas, surge una estrategia audaz que el gobierno mexicano podría implementar: certificar las acciones de Estados Unidos en su propia lucha para proteger a su sociedad del consumo de drogas.

México ha sido históricamente percibido como incapaz de satisfacer las demandas de Norteamérica en la erradicación del narcotráfico. Pero, ¿qué papel juega Estados Unidos en esta lucha? ¿Qué medidas concretas toma para combatir el consumo interno y cómo podría México beneficiarse de un enfoque más equilibrado? Es imperativo que México invierta la dinámica, certificando las políticas estadounidenses de combate a las drogas, con especial énfasis en la reducción de la demanda. La pregunta clave es: ¿cómo se puede disminuir el consumo de drogas en Estados Unidos de tal manera que se alteren los incentivos perversos de la narcopolítica en México? La cruda realidad es que México nunca podrá satisfacer plenamente las exigencias de Estados Unidos en materia de narcotráfico, ya que la demanda social de drogas en Norteamérica parece ser, lamentablemente, infinita.

Resulta impensable que México pueda organizar una lucha más eficaz contra el fenómeno de las drogas mientras el consumo no disminuya. Por ello, es crucial evaluar la gestión del gobierno de los Estados Unidos y verificar sus acciones frente a los problemas derivados de las drogas en su propio entorno nacional. ¿Existen cárteles de la droga operando en Estados Unidos? ¿Hay indicios de narcopolítica en Norteamérica? ¿Existen campañas antidrogas efectivas dirigidas a la población estadounidense? Y, en un análisis crítico, ¿qué aspectos pueden mejorarse y qué cambios fundamentales deben implementarse en sus políticas internas?

Históricamente, los señalamientos y acuerdos que Norteamérica ha establecido en su lucha contra la mafia siempre han puesto en desventaja al gobierno mexicano. Las instituciones de nuestro país han sido señaladas por Estados Unidos con escasas pruebas y, por ende, con un margen de acción limitado para corregir. Basta recordar algunos de los desafortunados episodios ocurridos desde la época de Lázaro Cárdenas, Díaz Ordaz o Miguel de la Madrid. Es una lección que nos enseña que nadie puede decir: de esta agua no he bebido.

Pero la pregunta persistente es: ¿qué ocurre en Norteamérica? El gobierno mexicano tiene la oportunidad y la responsabilidad de construir su propia versión y recopilar evidencia sólida y argumentada de los datos. Lo que se ha hecho hasta ahora sugiere que los lazos entre el narcotráfico y la política son de una trascendencia innegable. Es momento de que el gobierno mexicano demuestre a su contraparte estadounidense qué aspectos de su territorio se están gestionando de manera ineficaz para detener el flujo de drogas y, sobre todo, para reducir esa impresionante y creciente demanda.

La atención a la población consumista de drogas en Norteamérica, incluso, puede ser un nicho de oportunidad laboral y de integración mexicoamericana, el gobierno mexicano puede suplir muchas tareas del gobierno estadounidense y cambiar la narrativa de un gobierno mafioso por un gobierno que atiende y coadyuva al poderoso imperio yanqui.

 
 
 

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