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Consta en actas

Diario de un reportero

Miguel Molina


No hay que leer a Aristóteles ni entender a Kelsen ni a nadie más para darse cuenta de que la ley sirve para regular las relaciones entre las personas y entre las personas y el Estado: la convivencia social de una nación, como explican los clásicos. La virtud de la ley es que se aplica a todos de la misma manera (aunque hay unos que son más iguales que otros, como dicen otros clásicos).


Las personas pueden hacer cualquier cosa que no esté prohibida por la ley, y los funcionarios públicos no pueden hacer nada que no esté establecido en la ley. Hasta ahí llegamos. Pero las leyes no se respetan desde hace tiempo, desde siempre.

Si uno hace cuentas, de marzo de dos mil diecisiete a estas fechas, treinta y cinco mil personas (o empresas o partidos políticos, algunos varias veces) han recibido sanciones del Instituto Nacional Electoral por transgredir normas electorales.


En tiempos recientes, el Presidente de la República, el secretario de Gobernación, la secretaria de Energía y el subsecretario de Seguridad Federal, la alcaldesa de la Ciudad de México, y doce gobernadores hicieron actos ilegales de proselitismo durante la campaña por la ratificación de mandato.


El INE (cuyo Consejo General incluye a representantes del Poder Legislativo y de los partidos políticos) determinó que se hizo promoción indebida y propaganda gubernamental en período prohibido a través de las redes sociales y con eventos de apoyo en favor del Presidente de la República.


No se sabe en qué paró la cosa, ni cómo los sancionaron, ni mucho menos. Pero consta en actas: cada tercer día, desde hace cinco años, aunque no sirva de mucho, algún funcionario recibe un castigo o un apercibimiento, o algo. Nadie ha expresado disculpa alguna ni remordimiento por violar las reglas. No pasa nada.


El caso de Veracruz

Ya lo dije aquí: es un honor estar con Obrador, sanciónenme lo que quieran por estar con él, es el mejor presidente, pésele a quien le pese. Es el mejor Presidente que hemos tenido en los últimos treinta o cuarenta años, declaró el gobernador de Veracruz Cuitláhuac García Jiménez en respuesta a las sanciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (cuyas mayúsculas tendrían que imponer respeto).


Fue un reto inútil. Nadie le dijo que las sanciones – hayan sido las que hayan sido – son por violar las leyes electorales, no por apoyar al Presidente. Tampoco nadie le dijo que si un gobernador desacata órdenes judiciales hace crecer la desconfianza en las instituciones encargadas de la ley, porque si el gobierno ignora a los tribunales alienta a que otros desprecien a los jueces. Y de ahí viene el desorden. Esos son los verdaderos ultrajes a la autoridad.


Desde el balcón

Hace calor. Hace calor en todas partes, cerca y lejos. En Gran Bretaña, en Portugal, en España y en Francia y en Italia se sienten calores como nunca. También en el balcón. Uno piensa en la posibilidad de poner un cubito de hielo en el whisky (el tío Geoff decía que nunca había que beber whisky sin agua, y mucho menos agua sin whisky). Hielo. En la copa dorada se balancea la estación indecisa, y en los árboles del parque se repiten sin cesar los insectos. Es julio. Uno mira el muro verde de los árboles y siente una brisa que no se atreve a ser fresca, y vuelve a pensar en Consuelo.

Su nombre completo era Consuelo Ocampo Cano, y quería un país mejor para todos. Dedicó su vida a crear un mundo menos cruel y más amable, y siempre cuestionó el sistema que ha llevado al país a donde está. Ojalá no descanse en paz: que su espíritu viva inquieto en quienes todavía tienen esperanzas de que cambien las cosas.

Hace calor, manita. La malta es en tu memoria.

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