Darwinismo Internacional
- fermarcs779
- 5 days ago
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Xochitl Patricia Campos López
El punto de partida de la orden internacional moderna se basa en la igualdad soberana de los Estados. El derecho internacional establece claramente que ningún país puede usar la fuerza o la amenaza de la fuerza para imponer decisiones unilaterales sobre otro Estado. Sin embargo, en la realidad, esa norma ha sido sistemáticamente erosionada, en un escenario que tiene un fuerte carácter darwinista: en las relaciones internacionales, el más fuerte, el más astuto y el más preparado tiende a imponerse, mientras que las reglas son solo un marco formal que no siempre se respeta.
Este proceso no es nuevo ni accidental. La historia muestra que la lucha por la supervivencia, el dominio y la influencia en el sistema internacional se asemeja a un proceso evolutivo en el que solo los más aptos, o los que mejor saben adaptarse, logran prevalecer. La fuerza, la capacidad de intimidar y la voluntad de imponer intereses propios han reemplazado en muchas ocasiones los principios del derecho internacional. La política mundial, entonces, no es solo un juego de normas, sino una competencia brutal en la que la legalidad a menudo cede ante los intereses y la fuerza.
En este contexto, las recomendaciones de pensadores como Heinz Dieterich, que abogaron por la modernización e institucionalización de los gobiernos progresistas y populistas, adquieren una relevancia aún mayor. No basta con manifestaciones, discursos radicales, activismo extremista o clientelismo para sostener un proyecto político. Es imprescindible, más allá del discurso, trabajar en la formación de instituciones sólidas, en el desarrollo de ciudadanía crítica y en la construcción de un Estado que pueda resistir las presiones del sistema internacional y fortalecer su autonomía.
Lamentablemente, las izquierdas en nuestra región muestran una gran incapacidad para unirse en un frente común. La fragmentación, la falta de visión estratégica y la incompetencia generalizada impiden que puedan dialogar y coordinar esfuerzos en pos de un proyecto de nación cohesionado. La crisis de liderazgo y la dispersión ideológica solo benefician a quienes buscan imponer su voluntad mediante la fuerza o la manipulación, en un escenario donde el poder real se sigue consolidando en las manos de quienes saben jugar en ese juego darwinista.
Por eso, más allá de las manifestaciones y los discursos radicales, lo que se necesita urgentemente es una apuesta seria por la construcción de capacidades institucionales, educativas y sociales. Solo así, los países podrán resistir las presiones externas y las tentaciones del populismo vacío que, en última instancia, solo generan mayor dependencia y atraso estructural.
El debilitamiento del derecho internacional, que en el fondo es una forma de protección mutua de los Estados para evitar la anarquía global, no puede ser ignorado.
La comunidad internacional debe reafirmar su compromiso con las reglas, pero también entender que esas reglas solo funcionan si los Estados están preparados para defenderlas y cumplirlas. Para ello, se requiere un liderazgo estratégico, basado en principios sólidos y en una visión de largo plazo, que a su vez requiere que las izquierdas de la región abandone la dispersión y la mediocridad y asuma un papel responsable en la defensa de la soberanía y el desarrollo.
En definitiva, el mundo no perdona la debilidad y la improvisación. La historia nos enseña que en las relaciones internacionales, como en la naturaleza, solo sobreviven los mejor preparados y los más adaptados. Es hora de que las izquierdas progresistas latinoamericanas entiendan que el camino no pasa solo por discursos radicales, vestimenta andrógina y escándalo destructivo sino por construir un proyecto de país basado en instituciones fuertes, educación de calidad y una visión estratégica que garantice la soberanía y el bienestar de nuestras sociedades.






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