El contraste entre México y Estados Unidos
- Jun 11, 2024
- 2 min read
Diego Martín Velázquez Caballero
Aunque las relaciones financieras de nuestro país comienzan a presentar síntomas de riesgo, el hecho puede significar una presión final de la oposición a la Cuarta Transformación y una llamada de atención por parte de la Casa Blanca.
La Unión Americana está en la antesala de su propio proceso sucesorio; por lo visto, tampoco será un lecho de flores. El conflicto entre globalistas y globalifóbicos tendrá, en el escenario norteamericano, uno de los capítulos más intensos. Las elecciones europarlamentarias han confirmado el giro ultraderechista del occidente profundo, esto tendrá consecuencias en el electorado estadounidense y sus élites. Además, las derechas europeas presentan intervencionismo de Rusia y China como Donald Trump en las elecciones del 2016. La crisis de la democracia liberal representativa es una realidad en todo el Occidente.
No obstante, aún cuando los Estados Unidos desarrollen un proceso decadente de pérdida hegemónica imperialista y civilizatoria, México forma parte de su cinturón de seguridad y difícilmente puede pensarse de un territorio separado de la dinámica nacional.
La Casa Blanca, el estado profundo estadounidense, mantendrá el intervencionismo necesario en México para inhibir cualquier emancipación o nacionalismo de riesgo. El sistema político mexicano es más que vulnerable frente al exterior y ello muestra la importancia del crecimiento interno y el fortalecimiento institucional. En pocos días el nerviosismo de los agentes económicos extranjeros y nacionales, da visos de generar una crisis económica caótica.
La dependencia al exterior es una característica de la necesaria separación que la sucesión presidencial demanda en México. El ciclo de AMLO debe terminar para que Claudia Sheinbaum surja como el nuevo liderazgo del país. Los sistemas políticos internacionales ejercerán la presión que a sus intereses convenga, pero, ahora, cabildearán con la nueva titular del poder ejecutivo y, ante todo, requieren identificar una certidumbre de la nueva clase política.
El imperialismo ha condenado en México la transexenalidad, la historia en nuestro país comienza cada sexenio y resulta un proceso saludable por la cercanía y correspondencia que guarda la república mexicana con los Estados Unidos. La historia de presidentes que aspiran a ejercer una influencia más allá de su límite constitucional es lamentable, perjudica a sus grupos y, sobre todo, al país. Ha llegado la hora de Claudia Sheimbaum y su estilo personal de gobernar.


Comments