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El diablo está en los detalles

  • May 10
  • 4 min read

Samuel Schmidt

Es brillante quién diseñó la geoestrategia de Estados Unidos para convertirse en el gran hegemón mundial, aunque no nos gusten los pasos, ni el posible resultado final.

Publicaron su estrategia mundial dejando claro que su posicionamiento global buscaba crear condiciones de dominio. De paso definieron a su “gran” enemigo: China.

El siguiente paso fue empezar a tratar de debilitar a su enemigo. Dos caminos son centrales y llegan a cruzarse:

1)    Cerrar la ruta de la seda, la estrategia comercial y económica de China

2)    Cerrarle la disposición de petróleo a China

La detención de Maduro y forzar a Venezuela a abrir su petróleo a las empresas estadounidenses, implica cerrar ese punto de la alianza China, Irán en América Latina y bloquear el petróleo para China.

La guerra con Irán implica, imponer una dominación nuclear en el Medio Oriente, cerrarle a China esa vía de la ruta de la seda hacia África y Asia, y cancelarle la venta de petróleo.

Un tercer punto menos explícito, es interferir en las elecciones para reforzar a líderes de derecha y ultraderecha en el mundo, para crear una mayoría ideológica, que inclusive le plante cara al radicalismo islámico en el mundo.

Así podemos explicar en parte la alianza de Trump con Netaniahu, que llega al extremo de presionar al presidente israelí para que lo perdone. Qué más quisiera Trump que contar con alguien de poder supremo que lo perdone.

El refuerzo mundial de la derecha se reflejó en la ayuda electoral a Milei, a Orbán en Hungría, en Japón (2026) con el giro hacia el realismo militar. El ascenso de Sanae Takaichi representa la derecha del Partido Liberal Democrático (PLD). En Filipinas (2022): La rehabilitación de los Marcos; la llegada de Ferdinand "Bongbong" Marcos Jr. al poder marcó un retorno de la derecha dinástica.

En países como Polonia (hasta el cambio de gobierno en 2023) y otros estados bálticos, EE. UU. ha mantenido un apoyo férreo a liderazgos de derecha conservadora que priorizan la OTAN, y también ayuda a la ultraderecha en Inglaterra, que está poniendo a temblar a Starmer. La Iniciativa de los Tres Mares (infraestructura, energía y conectividad) ha servido para financiar proyectos que alejen a estos países de la influencia del gas ruso y las inversiones chinas, consolidando a líderes que mantienen retóricas de "soberanía nacional" frente a Bruselas pero de "alineación total" frente a Washington.

Georgia (2024-2026 ha sido un campo de batalla político intenso. EE. UU. ha financiado y respaldado activamente a las facciones de oposición pro-occidentales (muchas de corte conservador liberal) para contrarrestar la ley de "agentes extranjeros" promovida por el partido Sueño Georgiano, al que Washington acusa de inclinarse hacia Moscú.

Ha intervenido en Asia Central (Kazajistán y Uzbekistán) para asegurar que los líderes de estas naciones (que son de derecha autoritaria pragmática) no se conviertan en satélites totales de Rusia tras la invasión a Ucrania.

La estrategia en Eurasia usa el suministro de Gas Natural Licuado para reemplazar la dependencia energética de Rusia, lo que amarra políticamente a los gobiernos receptores con los proveedores estadounidenses.

EE. UU. ofrece "escudos" contra la desinformación rusa a gobiernos aliados, lo que le permite tener acceso a las infraestructuras de inteligencia de esos países.

Los acuerdos del Chip facilitaron la intervención en Corea del Sur y Taiwán, obligando a sus gobiernos a elegir entre el mercado chino o la tecnología estadounidense.

En América Latina está el gran apoyo a Bukele, a Kast en Chile y el caso de Juan Orlando Hernández indultado por Trump y que de acuerdo al “Hondurasgate" será un Operador de Guerra Psicológica y Desestabilización en México, Brasil y Colombia.

Bajo esta óptica puede leerse la visita de Ayuso a México, y que se ha manejado erróneamente como un agravio debido al homenaje a Cortés. Sirvió para medir la movilización de la derecha, públicamente magra, pero desconocemos la agenda privada y la posible conexión con la ultraderecha mexicana, que lentamente va avanzando.

El Rochagate debe verse en conjunto con el anuncio de la revisión de los consulados en México y la renovación del discurso de la intervención, que se ha manejado en Estados Unidos desde que se sugirió que era un Estado fallido.

Sheinbaum está atrapada en su laberinto. La entrega de Rocha piensa ella que la hace verse débil, aunque lo está; la no entrega, le mantiene abierto el flanco de la acusación de complicidad y corrupción de Morena. Haga lo que haga pierde.

La defensa de la soberanía es una ficción, toda vez que México está más vulnerable y sometido que nunca ante Estados Unidos, el petróleo a Cuba es una muestra.

En Morena ya se anticipa una caída electoral, tal vez intentan limitarla, pero, las trompetas anuncian una debilidad de Sheinbaum para gobernar el resto del sexenio, y con ello, perder la certeza de que impondrá candidata en 2030. La duda está, si la ultraderecha mexicana será capaz de articular un frente para lograr lo que el remedo de partidos actuales no puede y que hará Estados Unidos.

@shmil50

 
 
 

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