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El escandaloso e indignante caso de los menores desaparecidos

Divagaciones de la Manzana

Martha Chapa

A las niñas y niños de mi generación, nuestros padres nos alertaban de la existencia de los que en ese entonces se llamaban “robachicos” y nos contaban historias horrendas cuando eso ocurría, pues nos decían que los encerraban en casas sombrías, a pan y agua, destinados a ser limosneros o a trabajos forzados.

En esa época, hablo de los años cuarenta y cincuenta, los casos que ocurrían eran reducidos, pero igualmente sonaban aterradoramente de boca en boca, además de que quedaban registrados destacadamente en los periódicos.

No existían, como ahora, estadísticas tan redondeadas y menos aún la profusa difusión con las nuevas tecnologías de la información, por lo que quizá eran mucho más los delitos que se cometían en ese rubro, aunque no cómo sucede en nuestros días.

Hoy, en esas estadísticas negras, pues no encuentro otro color más adecuado para calificarlas por el dolor y el luto que ocasionan en tantas familias mexicanas cuando pierden aún niño o niña, alcanzan cifras verdaderamente escalofriantes.

Apenas hace unos días comprobé que en México desaparecen siete niños cada día, lo cual es indignante, inaceptable, ofensivo e incalificable para nuestra sociedad.

A la vez, recae en todas y todos exigir a las autoridades para tales afrentas, así como participar en toda una campaña preventiva, correctiva y de alerta colectiva, que debe y puede instrumentar con extrema urgencia.

En ese sentido, hay que reconocer que recientemente la Secretaría de Gobernación dio a conocer el Protocolo Adicional para la Búsqueda de Niñas, niños y adolescentes, a fin de investigar, implementar acciones y hallar a los menores que cuenten con reporte de desaparición. Y aunque plausible, el gobierno actual carga actualmente con un saldo espantoso de al menos 14,000 menores desaparecidos, en la escala 0 - 17 años de edad, siendo las entidades federativas con más con más alto índice de estos delitos, el Estado de México, Tamaulipas y Nuevo León.

Se trata entonces de que haya reacciones más oportunas, de búsqueda inmediata rastreo y especializada, según se presuponga si es por trata de personas de violencia de género, o de secuestro de carteles criminales y del narcotráfico, sin estigmatizar ni criminalizar de quien se trate, así como ahondar la investigación, las formas y lugares de enganchamiento o robo de infantes, a través de las redes sociales, plazas públicas, parques y otros espacios públicos.

Por fortuna, existen ya algunos protocolos de búsqueda como la Alerta Amber o el Protocolo Alba, si bien falta perfeccionarlo, ampliar sus coberturas profundizar en protocolos y hacer eficientes los mecanismos de localización de niños y niñas o adolescentes.

Una tarea entonces ineludible, urgente, e inaplazable de la ciudadanía en su conjunto, ya sea para brindar información a las autoridades, reportar sospechosos, impedir casos infraganti, réplica de mensajes y en general cualquier otra medida o acción que conlleve a la erradicación de tan gravísimo mal que amenaza y cobra víctimas, terribles y dolorosamente, entre nuestros menores de edad.

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