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El Estado

  • Feb 1
  • 3 min read

Samuel Schmidt

El Estado

El Estado soy yo (L'État, c'est moi) frase atribuida a Luis XIV de Francia y que al parecer es apócrifa.

Muchos se espantan con esa expresión que identifica al rey con el Estado, o viceversa al Estado con el rey, porque les parece que eso es extrapolable a cualquier sistema político, independientemente de sus circunstancias.

Pero si consideramos el análisis del poder, vemos que este tiende a la concentración, aunque hay argumentos filosóficos y políticos, que abogan por sus límites o lo que actualmente se considera como contra pesos.

Ernest Fraenkel (The dual State, 1941, Oxford 2017) y Franz Neuman (Behemot 1942, Ivan R. Dee 2009) construyen la argumentación jurídica y filosófica sobre las que se construyó la filosofía del poder (dictadura) de los nazis, que llega al grado de considerar que el contrato social (Rousseau) es anti democrático, porque los individuos al firmar el contrato social, están cediendo la libertad.

Al igual que el absolutismo monárquico de Luis XIV, los nazis consideraban que el poder supremo debía ser absoluto y las libertades, aún las jurídicas, se le debían someter. Es por eso, por ejemplo, que las determinaciones del partido, se imponían sobre los derechos de los individuos y las opiniones de las cortes. El poder se abroga la prerrogativa de determinar la vida y la muerte.

El caso de los nazis es extremo, no solo porque la noción absolutista justificó la expansión, la guerra, sino también el asesinato industrial de los que consideraba sus enemigos y aquellos que eran distintos.

Pero el poder por naturaleza tiende a concentrarse y la noción de democracia se vuelve muy relativa.

Fuera de las definiciones clásicas, basadas en la semántica, la democracia como doctrina de la igualdad y la justicia, es prácticamente inexistente. El demos = pueblo, no pasa la prueba de la determinación de quién es pueblo, categoría dinámica que cambia con el tiempo. Si lo completamos con la frase de ser: del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, entonces el análisis se complica todavía más.

Hitler fue electo “por el pueblo” pero muy pronto excluyó de la categoría a muchos. Trump fue electo por el pueblo, y hoy el país vive protestas, revueltas y represión. López Obrador y Sheinbaum fueron electos por el pueblo y sufren una guerra sucia prolongada.

Un factor central en la democracia es la libertad, pero esta tampoco es un valor absoluto. Bakunin decía que la libertad no puede partirse, existe o no, un poco de libertad implica no libertad. Y es que, si el poder puede limitar las libertades caprichosamente, entonces la posibilidad democrática se difumina.

Fraenkel en un escrito de 1941 concluye que las medidas arbitrarias ejercidas por los funcionarios dominantes son prerrogativas discrecionales, lo que da lugar al Estado prerrogativo. ¿Podemos acaso considerar que en todo sistema político hay prerrogativas que se ejercen discrecionalmente? Para Fraenkel los nazis construyeron un estado dual, el prerrogativo y el normativo, basado en las leyes, que para Neuman el prerrogativo termina eliminando en la práctica al normativo. O sea que el Estado de derecho se anula, aunque los dictadores aprueben leyes discriminatorias (Nuremberg 1935).

Aunque es muy tentador extrapolar este análisis a la actualidad, es difícil considerar una similitud con los sistemas “democráticos” actuales.

Los contrapesos formales no existen para Fraenkel o Neuman, aunque el peso de ciertos actores influye para orientar decisiones, porque a final de cuentas, ningún autócrata o dictador se aisla totalmente del mundo y de la realidad, y tiene confidentes o asesores que influyen en las decisiones, y dudo que éstos tengan la capacidad de frenar decisiones tomadas o ejercidas y las burocracias tienden a someterse a las mismas y ejecutarlas con eficiencia.

Eichmann se defendió en su juicio, diciendo que él era un simple burócrata que se encargaba de que los trenes corrieran a tiempo. Hanah Arendt definió esa postura como la banalidad del mal, o sea, un cómplice del holocausto justificando su violencia sanguinaria en la obediencia burocrática.

Para los defensores reales y honestos del ideal democrático, la clave está en delimitar los espacios del poder, tanto en su extensión como en su efecto, pero conviene revisar la psicología de la dominación, para entender porque el individuo se deja dominar y si acaso la dominación es aceptable por todos, o sea, sin coerción.

Plantear cambios legales, por ejemplo, constitucionales, para limitar al poder, puede ser un camino, aunque se requiere escribir una constitución que no solamente garantice el respeto a las libertades y la igualdad, lo que nunca ha existido, sino que diseñe un sistema, que facilite crear una sociedad y un mundo nuevo, que optimistamente, de lugar al “nuevo hombre”. Esto ni los soviéticos, ni los chinos lo lograron.

En México ni que decir, la historia parece ser seguir parchando la constitución para reformar todo y que no cambie nada.

@shmil50

 
 
 

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