El Jefe
- Jun 22
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Política para todos.
Otto René Cáceres Parra.
“¡Soy el Jefe!” dijo el presidente Donald Trump a su llegada, tarde por cierto, al ser de los últimos, a la reunión de trabajo que abrió la tercera y última jornada de la cumbre del G7 celebrada en Évian, Francia.
Y más allá del dato anecdótico que esto pueda parecer, y que todos en la reunión lo hayan tomado con simpatía, muestra la actitud y la narrativa que el presidente Trump ha querido imponer desde el inicio de su administración.
Por ello, el que se haya referido hacia la presidenta Sheinbaum como una mujer asustada y que el gobierno mexicano haya perdido el control del país no debe sorprendernos. Y es que es curioso cómo, desde que la presidenta Sheinbaum asumió la presidencia y ha mantenido conversaciones con el gobierno norteamericano y con el presidente Trump en particular, se ha navegado por una especie de amor-odio entre ambos, es decir, un día somos perfectos aliados y la presidenta es la mujer más capaz para llevar a cabo acciones bilaterales en materia de seguridad y otros días es la dirigente menos capacitada para generar acciones sobre estos mismos fines.
En este sentido, debemos poner las cosas en contexto, si bien el sexenio pasado, y al menos los tres anteriores a él, se adoleció de diferentes formas en el tema de seguridad, el gobierno actual ha dado un golpe de timón al establecer, en su Estrategia Nacional de Seguridad, el uso de la inteligencia como herramienta principal para fortalecer la seguridad pública en términos operativos y preventivos. En este sentido, se han llevado acciones en contra de figuras emblemáticas del crimen organizado, como el abatimiento de Nemecio Oseguera, “El Mencho” líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG); la desarticulación que se ha llevado a cabo en contra del Cartel de Sinaloa en dos facciones, los chapitos y la mayiza, que poco a poco ha dado resultados en términos de ir minándolos, aunque ciertamente mantengan determinadas cuotas de poder como lo ha expresado recientemente el secretario del ramo de la seguridad, Omar García Harfuch; hemos colaborado con las autoridades estadounidenses extraditando un número importante de criminales requeridos por la justicia norteamericana; se han llevado a cabo operativos que han resultado en detenciones importantes de presidentes municipales y otras figuras que pudieran estar ligadas al crimen organizado; la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha tomado otro giro en términos de combatir el lavado de dinero, entre otras.
Es decir, se han hecho esfuerzos notables por revertir las condiciones de inseguridad que se viven en el país, siendo igualmente cierto, en este contexto, que nuestros vecinos del norte también han contribuido, precisamente con productos de inteligencia, para llevar a cabo distintas investigaciones y operativos. En este contexto, cierto es también que aún falta mucho por llevar a cabo en términos de administración de justicia, como el caso de La Barredora y el presunto involucramiento en el mismo del senador Adán Augusto López Hernández y el general en retiro Audomaro Martínez Zapata; el caso actual que involucra al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros 10 presuntos involucrados en actividades del crimen organizado; lo concerniente al caso del huachicol fiscal, el cual involucra a miembros de la Armada de México, sobrinos políticos del ex secretario de Marina, Rafael Ojeda Durán; el desmantelamiento efectivo de células y cárteles criminales en todo el territorio nacional; entre otros; siendo precisamente lo anterior factores a través de los cuales el presidente Trump busca imponer su narrativa belicista de cara, en principio, a un electorado que asistirá a las urnas en noviembre para la renovación del Congreso (435 diputados y 33 de 100 senadores) el siguiente año, con el fin de aumentar su popularidad, la cual se ha visto reducida, y que busca incrementar, a partir de acciones como el reciente abatimiento de Héctor Rusthenford, el “Niño Guerrero”, líder de la organización criminal Tren de Aragua, la cual mantiene ramificaciones en varios países, entre ellos el propio Estados Unidos y México.
A lo anterior debemos aunarle el contenido del discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en el Monumento a la Revolución, conmemorando el segundo aniversario de su triunfo electoral, basando buena parte del mismo en la defensa de la soberanía nacional y en responder a las acusaciones y solicitudes de extradición provenientes de Estados Unidos contra diversos funcionarios mexicanos, así como el contenido de la carta del ex presidente, Andrés Manuel López Obrador, en la cual exhorta el regreso del antiguo Trump, el que conociera en el transcurso de su administración, como si ello fuera a llamar a un ejercicio de reflexión por parte del presidente norteamericano, sentado en el despacho oval, llevando a cabo un ejercicio de auto reflexión, seriamente consternado por sus acciones en contra de nuestro país.
Institucionalmente, como nación, ante los dichos de Trump, vamos en un camino atinado, aunque tal vez no con la velocidad que esperaríamos, producto de intentar revertir políticas pasadas en materia de seguridad, la cuáles no se resuelven de un día a otro, por lo que el presidente de la bandera de las barras y las estrellas seguirá llevando a cabo este tipo de comentarios, sobre todo porque no se ha cedido, como él quisiera, en términos de cimentar el camino para poder llevar a cabo una intervención militar en contra de los grupos criminales a los que ha designado como terroristas, condición que si ha logrado por medio de la alianza Escudo de las Américas, o Coalición Americana contra los Cárteles, acuerdo militar regional que compromete a Estados Unidos, y a más de una decena de países latinoamericanos (Argentina, Chile, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay, Costa Rica, entre otros) para la utilización de fuerza militar letal con el objetivo de destruir a los cárteles de la droga y combatir el narcoterrorismo.
Y si usted, estimado lector, estaba preocupado porque tales acciones de intervención militar pudieran llevarse a cabo en nuestro país, a pesar de la belicosidad del presidente Trump, resulta, como ya se ha platicado anteriormente en este espacio, complicado, por decir lo menos, de llevar a cabo, debido a la serie de repercusiones que tal medida podría traer consigo en términos económicos, políticos, fronterizos, diplomáticos, comerciales, incluso con manifestaciones de repudio dentro del mismo territorio estadounidense.
Hace bien la presidenta Sheinbaum en no entrar en confrontaciones directas sobre los dichos del presidente Trump, apelando a los canales diplomáticos e institucionales apropiados para mantener la continuidad bilateral en todo sentido. En términos futbolísticos la presidenta no se encuentra en la banca, sino en el terreno de juego dando un buen partido.
En este sentido ¿ya se puso usted la camiseta tricolor? México ha sorprendido a propios y a extraños, tanto en el terreno de juego como fuera de él.
Seguiremos de cerca el curso de los acontecimientos.
@ottorenecaceres politicaparatodos10@gmail.com


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