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El músculo de la ultraderecha frente a AMLO

Diego Martín Velázquez Caballero


Un cuestionamiento retumbó en la narrativa de diversos analistas políticos después de las visitas de Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum con Mario Bergoglio, así como de la Marcha en Defensa de la Democracia: ¿Cuántas divisiones tiene el Papa? ¿Cuánta fuerza tiene la Santa Sede?

La campaña electoral en México ha comenzado y los grupos en competencia comienzan a manifestar su poder. Después del fracaso de Eduardo Verástegui y la búsqueda de la candidatura independiente, la ultraderecha mexicana parece despejar el señalamiento de la infiltración y hacer patente la capacidad de convocatoria en la configuración de la clase política que ocupará la presidencia de la república en el próximo sexenio.

Aunque los señalamientos sobre un régimen progresista ecofeminista quedan en el anecdotario, lo cierto es que un tándem de empresarios, intelectuales, funcionarios, líderes de opinión, religiosos y diversas clases medias urbanas; están inconformes con el proyecto “extraño” que se propone la Cuarta Transformación en la persona de Claudia Sheinbaum.

La convocatoria en múltiples ciudades del país y algunos puntos importantes del extranjero, no fue menor. La Sociedad Civil, el Frodo Clasemediero de Dresser, está pugnando por la institucionalidad de una dimensión del derecho privado, la autonomía racionalista de una parte del sector público, el mercado y la incursión en el mundo occidental. La visión de los manifestantes en las marchas convocadas por la ultraderecha implica la adopción de una vía modernizadora electoral cívica. Al hablar de grupos conservadores y derechistas, este hecho constituye un salto cuántico. El nacionalismo católico se conmociona con la democracia; empero, parece comprender la inevitabilidad de las sociedades abiertas para la sobrevivencia de todos.

El impacto de las diversas manifestaciones rosas por el INE y la Democracia debe recibir acuse en Morena. La campaña por la presidencia de México no será un día soleado y la clase media constituye un agente participativo de las calles que puede peregrinar hacia las derechas porque el nacionalismo revolucionario conservador y el pragmatismo de Morena, cada vez se despega más de una vía mexicana hacia la modernidad norteamericana. Las clases medias van con la derecha no sólo por el aspiracionismo sino por la incomprensión morenista de la legitimidad en los tiempos urbanos modernos.

Negar la importancia de las manifestaciones rosas y desacreditar el mensaje limpio de los actores honestos, puede disminuir la cuota electoral que la Cuarta Transformación especula obtener. Frente a un escenario de gobierno dividido, el entendimiento de la gobernabilidad debe involucrar a todo el país. México es el partido de todos.

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