Generación Z
- Dec 2, 2025
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Samuel Schmidt
La generación Z salió a la calle, fue un evento muy esperado porque se oiría una voz que normalmente no se escucha. En parte porque hay mucho ruido político producido por los que quieren privilegios, lograrlos, no perderlos o recuperarlos.
Los organizadores de la marcha supieron muy bien como manejar las plataformas y hablar con sus iguales, pero trascendieron hacia otros oídos.
Con gran ambición presentaron un pliego petitorio que parecía estar escrito por un anarquista o un ácrata, porque se promovía deshacerse del Estado. Pretendían que grandes decisiones las tomara la sociedad, y aunque confuso, pretendían un asambleísmo, al que está muy acostumbrada la clase media.
La propuesta de tomar decisiones estratégicas sin la intervención del gobierno y del congreso, con una suerte de auto gobierno es impreciso, porque no se sabe quién articulará las demandas.
No todo lo que piden es originales. La ley prevé que los ciudadanos puedan iniciar el proceso de revocación de mandato, aunque los Z quieren hacerla sin reglas y eligiendo sucesora.
Hay puntos con los que coincido. Como exigir y asegurar transparencia, eliminar la compra de votos, aunque podrían exigir desaparecer a los caciques y al narco que son los que más votos compran.
Me sumo a exigir desmilitarizar la seguridad pública, pero también a desmilitarizar las obras públicas, que los Z no tomaron en cuenta.
Quieren reformar las reformas y la volveremos a reformar para seguir con Lampedusa. A reformar todo para que todo quede igual.
Crear consejos ciudadanos, magnífica idea, pero me dan ñañaras cuando pienso en lo ciudadano que era el IFE, INE, INAI.
Los anónimos de la Generación Z hablan en nombre de 1/3 de la población, cosa que me parece un poco atrevida. No se dirigen a nadie, no ponen plazos, así que nadie tuvo la necesidad de responder
Antes de esperar, y después de amenazar por la detención de vándalos, anunciaron otra marcha que se desangeló y parece que se fueron de vacaciones. Llegaron los transportistas y campesinos, protestando por la falta de seguridad y la ley de aguas, lo que abrió un debate interesante.
La Generación Z prometió una manifestación pacífica, con 120 heridos, de los que 100 son policías. Pero una vez más el bloque negro hizo de las suyas.
Se lanzaron acusaciones sobre la mano que mece la cuna de la violencia y la provocación.
Pero hay que voltear la mirada hacia el discurso de la marcha.
Se anticiparon con una pinta en el zócalo acusando al narcoestado; si las definiciones sirven para algo, involucra a todas las instituciones del Estado, pero eso es lo que gritan desde la oposición. Cierta parte de las instituciones cohabita con el crimen, es aventurado sostener que todo el Estado es narco.
En abierto oportunismo, trataron de secuestrar al Movimiento del sombrero, pero la principal dirigente estuvo ausente.
Se posesionaron de símbolos de rebeldía de Nepal y símbolos nazis, junto a la calavera desfilaron las swastikas.
Y los gritos reflejaron esas expresiones racistas, ahí se mostró abiertamente judeofobia y para no dejar duda imprimieron la leyenda “Puta judía”, lo que es paradójico porque La Dra. Sheinbaum no se identifica como tal. En eso se parecen a los nazis, que le recordaron su pasado a muchos que dejaron de ser judíos, para asesinarlos.
Como los racistas son de amplio registro, también fueron misóginos, gritando que las chichis tiemblan en Palacio Nacional. Nunca se hubieran atrevido a eso con un presidente, y lo hacen porque creen que las mujeres son débiles y se les puede agredir, como hizo el que abrazo a la presidenta, suceso que está muy discutido.
La ultra derecha se expresó y muy fuerte, tratando de intimidar. Ahí navegan los franquistas, el Yunque, los empresarios que luchan denodadamente para recuperar privilegios, como no pagar impuestos, y por supuesto, los políticos que creen que la mejor estrategia para salvar lo poco que queda del naufragio, es provocar un naufragio colectivo.
La oposición busca sangre, busca inestabilidad, y se dicen apoyados por un pueblo que no está presente. Quieren demostrar que el gobierno es dictatorial, que no hay libertad, aunque marchan sin freno. Quieren convencer al mundo que México se tambalea. Quieren un escenario turbulento.
¿Qué pasará si el pueblo bueno que está con la 4T sale a defender a su presidenta? ¿Será el escenario buscado? ¿La ultraderecha quiere un enfrentamiento que bañe de sangre la plaza de la constitución?
Echeverría decía que los revoltosos eran los responsables de la represión, el represor, trataba de culpar a sus víctimas. El gobierno sabe que en sus manos está cuidar que los incidentes sociales y políticos no se desborden y salgan de madre.
La marcha hay que tomarla en serio y propiciar un diálogo con los Z y toda la sociedad.
El gobierno tiene la prerrogativa de marcar el ritmo.
@shmil50


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