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Geografía y poder

  • 4 hours ago
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León Bendesky

El embrollo de la guerra en Irán provoca un fuerte impacto adverso en la economía, derivado en principio de las consecuencias que tiene sobre la estructura petrolera de ese país y del resto de los productores de Medio Oriente. Durante semanas, se han señalado estas repercusiones y, a medida que se ha instalado una especie de impasse militar, la situación alcanza un estado de mayor riesgo. Buena parte está condicionada por el cierre del estrecho de Ormuz y la interrupción del abasto de petróleo crudo, gas natural licuado, fertilizantes y otros productos. 

Ormuz ha estado cerrado desde marzo, y se ha bloqueado el transporte de alrededor de 20 por ciento del petróleo del mundo, una cuarta parte del gas natural y también de diésel y turbosina. La situación se extiende al abasto de minerales y productos químicos industriales. Se estima que está afectada la mitad del comercio marítimo de sulfuro para baterías, así como el azufre para fertilizantes, además del tránsito de aluminio y óxido de aluminio que provienen de la región del golfo Pérsico. Lo mismo pasa con diversos productos agrícolas (trigo, aceite de soya y leche en polvo descremada) y con el metanol, utilizado para fabricar productos químicos para resinas, revestimientos y plásticos. (Pueden consultarse al respecto los documentos de la Unctad del 1º de abril pasado y del Foro Económico Mundial, con misma fecha). 

Nick Butler, el antiguo vicepresidente para estrategia y política de desarrollo de British Petroleum (empresa que está entre las 10 primeras petroleras del mundo por su valor de mercado y sus utilidades), publicó el pasado 10 de mayo una importante nota titulada “El fin del principio: El estado de los mercados globales de energía luego de 10 semanas de guerra”; con un sumario de las condiciones vigentes y sus perspectivas. 

Dice Butler que, en tiempos normales, entre 100 y 140 barcos, incluyendo entre 50 y 55 tanqueros de petróleo, gas licuado y otras mercancías circulaban diariamente por el estrecho de Ormuz. Hoy, se estima que más de mil 900 embarcaciones y 200 tanqueros están varados ahí. Los buques que pasaron por el estrecho antes de la guerra han llegado a su destino y el abasto se ha parado, ocasionado escasez, reducción de inventarios y especulación, lo que se extiende a una serie de productos refinados de petróleo. La disponibilidad de fuentes alternativas de abasto es limitada. De aquella zona de conflicto proviene, también, más de 70 por ciento de la oferta de nafta para la industria petroquímica en Asia. 

Esta crisis expone la alta dependencia de los hidrocarburos, esenciales en la industria y otros sectores. Las repercusiones durante los próximos meses estarán ligadas a las condiciones de la infraestructura energética y la gestión de los procesos productivos, la situación fiscal y las presiones inflacionarias. 

Butler analiza de modo amplio el estado de la situación actual y las perspectivas de corto y mediano plazos. Advierte que, por supuesto, el proceso que está en curso es incierto y que en las semanas siguientes se podrán observar las consecuencias de esta crisis y las formas posibles de su desenvolvimiento. La región del golfo Pérsico es de alta conflictividad, una zona de guerra con riesgos materiales y comerciales. Lo que está por determinarse es si la guerra producirá un efecto negativo temporal, tal y como parece ser hoy la postura en los mercados de capital, o bien una recesión o incluso una crisis. Esta nota de Butler ofrece una perspectiva amplia y diversa de lo que ocurre y los posibles alcances. 

El conflicto en Medio Oriente ha provocado que la geografía se ponga de relieve en Ormuz de modo rotundo y con un impacto local, regional y de alcance global. La geografía trata de los rasgos físicos de la Tierra; explora las sociedades humanas y su relación con el medio ambiente; se aproxima de manera espacial a la comprensión del mundo. El territorio es dinámico. 

Hay una parte de la geografía humana que trata de la distribución espacial de los procesos políticos, la dinámica del poder y la territorialidad. La geografía política puede caracterizarse de modo sucinto como el conjunto de las relaciones internas y externas entre gobiernos, ciudadanos y territorios. El departamento de Geografía de la London School of Economics define la “geografía política como el estudio de la dinámica de las relaciones entre los procesos políticos y las estructuras espaciales. Examina cómo el poder da forma al espacio territorial y cómo los contextos geográficos influyen en la política”. 

Se advierte la atención que se presta a los espacios políticos y económicos, especialmente en un entorno de confrontación, no sólo en los territorios en guerra, sino entre los grandes conglomerados productivos y financieros. La economía como disciplina de estudio debe contener una clara aproximación geográfica y espacial, como marco del ejercicio político de los estados. La vinculación puede plantearse como capital, territorio y poder. 

 
 
 

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