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Hispanidad: un debate inútil

  • May 10
  • 2 min read

Diego Martín Velázquez Caballero


En la discusión actual sobre la visita a México de Díaz Ayuso, presidenta de Madrid, y el tema de la Hispanidad, es fundamental abandonar las categorías ideológicas y culturales estériles para centrarnos en la realidad concreta de México en Norteamérica. La evidencia indica que la relación entre México y Estados Unidos ha llegado a niveles de dependencia que hacen innecesario y contraproducente seguir peleando por un concepto cultural que, en la práctica, tiene poco que ver con los hechos económicos y sociales.


En 2024, las remesas enviadas por migrantes mexicanos en Estados Unidos superaron los 50 mil millones de dólares, equivalentes a casi el 4% del PIB nacional (Banco de México, 2024). La presencia de más de 50 millones de hispanos en Norteamérica, en su mayoría mexicanos, ha generado un fenómeno sociolingüístico sin precedentes: el spanglish.

Según Ilan Stavans, el spanglish no es solo una mezcla de idiomas, sino la creación de una nueva civilización mestiza, que redefine las estructuras sociales y culturales de Estados Unidos y del mundo hispano en su conjunto.


Este fenómeno, que comenzó en el siglo XIX tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo, hoy se manifiesta en una de las expresiones culturales y sociales más relevantes: la comunidad mexicanoamericana. De hecho, más de 62 millones de hispanos en Norteamérica usan el spanglish como forma de comunicación cotidiana, cultural y política. La migración y la presencia constante de latinoamericanos en EE. UU. han convertido a los mexicanoamericanos en una de las comunidades más influyentes y en un ejemplo de mestizaje cultural, lingüístico y social, que puede ser la salvación de Iberoamérica en el corto plazo, ante el fracaso económico y social de México y España. La balanza de pagos entre ambos países simplemente es de risa.


El fenómeno del spanglish y la migración mexicana están en el centro de una transformación que va más allá de la política y la economía: representan una nueva civilización mestiza, que desafía las categorías tradicionales de identidad y pertenencia. Como Stavans señala, los mexicanoamericanos, al hablar en spanglish y adoptar un bilingüismo híbrido, están creando una cultura que puede ser la clave para la supervivencia y el desarrollo en un mundo cada vez más globalizado.


Por otra parte, el caso del migrante mexicano en Norteamérica no solo es un fenómeno demográfico, sino también un ejemplo de modernización social y cultural. Los mexicanos en Estados Unidos, respetuosos de las leyes y del orden público, han demostrado que la integración puede ser un proceso de enriquecimiento mutuo. La migración, lejos de ser una problemática, es una fuente de innovación cultural, social y económica, que puede ofrecer a México y a Iberoamérica una vía de recuperación frente a sus crisis estructurales.


En suma, el debate sobre Hispanidad, en su dimensión ideológica, resulta inútil frente a la realidad de una dependencia estructural y del fenómeno sociolingüístico del mexicanoamericano. La verdadera prioridad de México y de Iberoamérica debe ser comprender y potenciar estas expresiones de mestizaje y migración, que están redefiniendo la historia y la cultura de la región. La migración y el spanglish no solo son signos de una realidad ineludible, sino también de una oportunidad para construir un futuro en el que la diversidad, la innovación y la integración sean las principales vías de desarrollo.

 
 
 

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