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Iba a escribir

Diario de un reportero


Miguel Molina


Iba a escribir sobre la marcha que viene. Supe que la organiza el pueblo bueno, que no tiene modo ni humor de hacer otras cosas, como cooperativas de producción y de consumo que abaraten el costo de la vida y paguen precios justos a agricultores, granjeros y ganaderos.


En algún lugar leí que el asunto iba a salir en unos setecientos pesos por persona (renta de autobuses, gasolina, casetas, y comidas de ida y vuelta, entre otros gastos). Puede que sí, puede que no.


Si así fuera, la gente va a gastar dinero (que no tiene o que recibe como subsidio del gobierno) para ir a decir que sí, que todo va bien, que confían en el presidente, caminar por el centro de la Ciudad de México, comprar algo si se puede, y regresar al lugar del que vino.


Si no fuera así, habría que ver quién paga qué y cuánto y por cuántos y de dónde viene el dinero para esos tratos. En teoría, sería fácil saber todo eso, porque hay transparencia en el uso de los dineros públicos en los gobiernos del movimiento de renovación nacional, y porque nadie pensaría que los gobiernos de otros partidos van a financiar un acto semioficial.


Iba a decir que habrá más gente en la marcha de este domingo que en la del domingo de hace dos semanas, porque ahora se trata de ver quién tiene la manifestación más grande, quién grita más, quién tiene más derecho a la Patria, de quién es el país a fin de cuentas. Iba a decir que todo eso veremos, y más.


La marcha llenará las calles y llenará el aire sin contingencias y las primeras planas de los diarios, y será nota destacada en noticieros de radio y televisión, para bien y para mal, y llenará las bocas de analistas y estará en todas partes hasta todo se olvide y la vida política vuelva a depender del próximo escándalo.


Eso iba a decir. Pero no vale la pena. Ya no vale la pena.


La falta de oficio

Y entonces vino – o fue – el secretario de Gobierno de Veracruz, quien se presentó en el Congreso con música y bailarines y piñatas, como quien va a una fiesta y no a rendir cuentas antes la soberanía del Estado. Ahí mismo le faltó al respeto a una diputada que lo cuestionó sobre la igualdad de géneros.


Como si estuviera en su casa y no en la de otros, Eric Cisneros evadió la pregunta que le hicieron y retó a la diputada Ruth Callejas a preguntar lo mismo en los estados que gobierna el Movimiento Ciudadano. Nadie le dijo que iba a responder ante el Poder Legislativo y no a cuestionar a los legisladores.


El funcionario terminó mostrando su falta de oficio político, y no respondió a lo que le preguntaron. Como si la transformación – cuarta o tercera o segunda o primera – no tuviera que rendir cuentas a los ciudadanos y sus representantes. Y le llovieron flores oficiales.


Desde el balcón

La semana trajo tardes de invierno al otoño. Hubo días de lluvia, de frío, de una luz que daba la sensación de que siempre eran las seis de la tarde de un domingo. Algún cuervo graznaba en el colmo del bosquecito, y lo demás era silencio. Ni siquiera había brisa.


Hay que tener cuidado entonces. Eliseo Diego advierte que en el crepúsculo, si estás/ de veras solo, mira,/ lo que se dice solo, vienen,/ poquito a poco en torno tuyo/ levísimos fantasmas, tus recuerdos. Y vino Pablo Milanés y se murió y vinieron los levísimos fantasmas

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