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(In)Estabilidad

León Bendesky


Las condiciones creadas por la pandemia desde la última semana de marzo de 2020 están en un proceso de asentamiento. Este es un acomodo inestable.

Lo es en materia de salud pública. A los grandes estragos de la primera ola del coronavirus y sus secuelas, sigue ahora una tercera ola con variantes del virus original. La resistencia del virus se muestra en el incremento y velocidad de los contagios. Esto se suma a la fragilidad del sistema de salud.

Esto ocurre con un desigual proceso de vacunación en el país. La sociedad vuelve a un estado de precaución más acentuado y el gobierno debe enfrentar la necesidad de aplicar medidas apropiadas de contención y control.

La Secretaría de Salud informó el pasado 13 de agosto que 52.6 millones de personas mayores de 18 años habían sido vacunadas; 28.3 millones tenían dosis completas y 24.2 una aplicación; 59 por ciento de los adultos tenía cuando menos una dosis. Había rezago en la vacunación (por debajo de 50 por ciento de cobertura) en 6 estados.

Se cuentan de manera oficial cerca de 250 mil fallecimientos por la pandemia. este número está subvaluado, como ocurre en mayor o menor medida en todas partes. El país ocupa el cuarto lugar en el mundo en este conteo.

El acomodo inestable ocurre, igualmente, en la economía. No podía ser de otra manera. Se carece de un balance suficiente de los daños provocados por la pandemia y sus repercusiones. Es necesario identificarlos pronto y de la mejor manera posible. Mucha de la trama social prevaleciente queda escondida en las cifras agregadas de producción, empleo, ingresos, consumo, financiamiento y la dinámica de los precios.

La recuperación en curso puede encubrir grandes ineficiencias en el funcionamiento de la economía y en las medidas de contención de las políticas públicas que se han aplicado. Además, pueden recrear las pautas de la desigualdad previa a la pandemia e, incluso, exacerbarla.

El balance de la situación económica y social debe abarcar a la producción de manera desagregada, por tipos de actividades, empresas, empleos, fuentes de financiamiento y su ubicación regional; esto implica una mejor identificación de los distintos agentes económicos privados y públicos. El Inegi proporciona información estadística que debe servir de base para un análisis más preciso y actuar en consecuencia. Lo que está ocurriendo hoy tendrá repercusiones diferentes para los distintos grupos de la población y de las empresas. Podrá extenderse por un periodo más largo del estimado.

Suele decirse que la informalidad es muy grande; pero es necesario llamarla por lo que es en realidad: se trata de una enorme población económicamente activa no afiliada; es decir que no está en el Seguro Social y en el mecanismo de pago de impuestos. La distinción no es menor; cambia la perspectiva de esas actividades y de la gente involucrada en ellas y les da otra dimensión.

La recuperación del nivel de la actividad económica que se registra está asociada con la reapertura de las transacciones, pero esta circunstancia enfrenta muchas fricciones. La tasa de crecimiento del producto esperada para este año no garantiza que se convierta en una nueva tendencia.

Un factor indicativo de las condiciones en las que se desenvuelve la actividad productiva y que revela las presiones sobre el crecimiento es el aumento de los precios: la inflación.

La tasa de inflación anual, medida por el índice nacional de precios al consumidor al final de julio pasado fue de 5.81 por ciento, mientras que la tasa objetivo del banco central es 3 por ciento. Hay presiones inflacionarias derivadas de distintas fuentes. El proceso de aumento de los precios ha sido rápido, la inflación anual en diciembre de 2020 fue 3.15 por ciento y en abril de este año llegó a 6.08.

El Banco de México ha respondido con un aumento de las tasas de interés; la interbancaria (TIIE) a 28 días se ubica en 4.75 por ciento.

En general, mayores tasas de interés tienden a una disminución de la demanda puesto que se eleva el costo del crédito. No obstante, el comunicado del banco central del 13 de agosto dice a la letra que: Si bien la pandemia ha complicado la evaluación de la economía, se prevén condiciones de holgura con marcadas diferencias entre sectores.

En castizo esto quiere decir que hay recursos inutilizados o subutilizados en la economía, tanto materiales como humanos, lo que constituye una fricción de primer orden en contra de la expansión del producto, empleo, inversión e ingresos.

Las mayores tasas de interés suelen fortalecer al tipo de cambio pues favorecen los rendimientos relativos del peso frente a otras monedas, esto no es infalible. El tipo de cambio, además, está subsidiado por las remesas que llegan de Estados Unidos.

La pandemia ha provocado una serie de cuellos de botella para el abastecimiento de las cadenas de producción en el mundo, lo que eleva los costos, cuyo efecto se trasladan al proceso de formación de los precios. A esto se suman los que existen aquí y que la productividad en esta economía es muy baja.

Tal vez el elemento que expresa mejor la situación económica en este momento es que el propio banco central asienta en su reciente informe que se alcanzaría la meta de inflación de 3 por ciento en el primer trimestre de 2023. Ese es el escenario de inestabilidad prevaleciente.

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