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La camarilla de Claudia Sheinbaum

Xochitl Patricia Campos López


La historia de México comienza cada sexenio. Roderic Ai Camp atribuye al faccionalismo la debilidad institucional del sistema político mexicano, cada grupo que llega al poder abandona o rompe con la facción de donde emergió. No hay continuidad. Es la tragedia de la política mexicana o, quizá, su virtud.

Cuando se buscan razones para entender por qué la clase política actúa como enemiga del Estado, las camarillas tienen gran parte de la respuesta. El patrimonialismo es el incentivo principal de la formación de camarillas y facciones, no es que las sillas del ejecutivo estén embrujadas, es que las facciones no están dispuestas a compartir nada sin intercambio alguno. La traición política depende más de cuestiones económicas en países subdesarrollados, como señalaba Emilio Olivier Fernández: En política nada se agradece, puesto que nada se da. El favor o el servicio que se hacen son siempre los que a uno le convienen.

Los sucesores siempre serán un dechado de ingratitud y mientras el Estado no se consolide, esta naturaleza de la vocación política se incrementa. El sistema político se encuentra tan intervenido y colonizado que ningún grupo puede confiar en otro.

Durante el régimen del PRI había un faccionalismo colaborador, pero desde la alternancia en el 2000 se desarrolla un faccionalismo salvaje del que ningún presidente se ha puesto a salvo.

El grupo de Sheinbaum romperá inevitablemente con el Lopezobradorismo. Aparte, otra cosa es, que los gobernadores se sometan a la presidente Claudia Sheinbaum, también debe considerarse que, como el fundador del Feuderalismo –Roberto Madrazo Pintado- desarrollen sus territorios de la forma que les resulte pragmática. Comienzan a surgir trascendidos de futuros partidos locales y nacionales donde algunas facciones y camarillas, apuestan su porvenir. ¿Sobrevivirá algún lopezobradorista en la nueva camarilla? Si lo hace, tiene que transmutar a tiempo, so pena de quedar marginado.

La continuidad es algo que se considera necesario en el desarrollo del país; sin embargo, la lógica faccionalista secuestra a las instituciones y se impone como una forma de supervivencia. Sheinbaum está conformando alianzas polipartidistas pragmáticas que le ayuden a mantener la gobernabilidad durante su sexenio; empero, esto puede significar que algunas propuestas del lopezobradorismo no alcancen a materializarse. El estilo de gobernar de Sheinbaum tendrá más similitudes con López Portillo o Ernesto Zedillo, persistir y entregar el poder a quien Estados Unidos determine.

El Estado Mexicano es una maquinaria sometida a las facciones y los Estados Unidos, desde el avilacamachismo no se encuentra un Leviathán que imponga el centralismo presidencialista operador de los dispositivos institucionales y simbólicos de la república, incluso el cardenismo sirvió como correa de transmisión para legitimar el intervencionismo al que fue sometido el país a causa de la Segunda Guerra Mundial.

López Obrador no pudo realizar la estrategia cardenista de establecerse en el lado correcto de la geopolítica.

Sheinbaum deberá el poder presidencial a López Obrador, pero en su camarilla no se vislumbra una generación de gabinete, legislativa y gubernamental, dispuesta a continuar con la transformación lopezobradorista.

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