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La demografía del campo religioso mexicano

Elio Masferrer Kan

Es un lugar común escuchar que la asistencia a los templos ha disminuido drásticamente. En los Estados Unidos, donde afortunadamente existe un trabajo sistemático de encuestas, Gallup detectó que antes de la pandemia el promedio de asistencia estaba en 137 congregantes, mientras que a fines del 2023 rondaba en 60 feligreses, una fuerte disminución de la asistencia a los templos. En América Latina no tenemos estudios tan prolijos, pero en numerosas entrevistas con creyentes que asistían a servicios religiosos regularmente antes de la pandemia hemos encontrado situaciones similares.

Las encuestas en Estados Unidos encuentran otros datos referidos a los llamados nones, quienes responden que en materia religiosa no tienen nada que opinar sobre el particular. Existen investigadores que han intentado estudiar los nones en América Latina, pero dichos estudios se confrontan con el problema de las diferencias culturales y de tradiciones religiosas. Complica aún más el asunto que muchos evangélicos plantean que ellos no practican ninguna religión, eso sería algo idolátrico que hacen los católicos, simplemente “Adoran a Cristo, Nuestro Señor”. Para contribuir a la confusión el INEGI encontró más de tres millones de personas (3,103,464) que dice “sin adscripción religiosa (creyentes)”. En esta perspectiva la lectura apresurada que algunos “especialistas” hicieron del Censo de Población 2020 de México debe ser más cuidadosa.

El Censo identificó 645,411 personas que se asumieron como ateos, luego encontró 76,970 agnósticos, un total de 722,381, un 0.57% del total de la población. Un 7.5% declara “ninguna religión”, aun sumándolos, llegan 8.07% del total, el 77.7% de la población sería católica. La cifra de católicos es muy cuestionable, pues el censo habitualmente es respondido por la persona de mayor edad de la casa y el censista tiene que poner la adscripción que señala el jefe de familia, que probablemente no sea ya compartida, en muchos casos, por sus hijos y nietos. Un dato muy importante es que los matrimonios católicos han bajado al 42% de la totalidad de matrimonios según el Registro Civil.

La metodología de la pregunta religión fue discutida por el INEGI con algunas organizaciones religiosas y finalmente aplicaron los criterios de la Jerarquía católica, que estaba asesorada por un equipo de sociólogos católicos, quienes continuaron manejando los siguientes censos. Esto se aplicó desde el Censo del 2000 y no ha tenido mayores modificaciones. La pregunta se refiere a que religión practica y si no contesta católico le pide que diga el nombre legal de la asociación religiosa. A los católicos no les preguntan por el nombre legal, que sería “Iglesia Católica Apostólica y Romana”. Esto distorsiona los resultados, daré ejemplos:

Hay grandes iglesias evangélicas que tienen de medio millón a un millón de feligreses y poseen más de 5,000 a 9,000 templos cada una. En el Censo de 2020 el Concilio Nacional de Asambleas de Dios aparece con 21,825 integrantes; la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús con 11,494 miembros; la Iglesia Cristiana Interdenominacional con 1,231 personas; los anabaptistas y menonitas tendrían 6,663 feligreses. Ni siquiera figuran grandes iglesias como la Iglesia Cristiana Independiente Pentecostés o el Movimiento Iglesia Evangélica Pentecostés Independiente, para citar algunos casos relevantes. Esas cifras son absurdas, cualquiera que mínimamente conozca la estructura del campo religioso mexicano (y tenga pudor), no se atrevería a suscribir esos resultados.

Nuestra hipótesis es que al menos la mitad de “ninguna religión” son evangélicos y que entre quienes figuran como católicos hay evangélicos que el entrevistado no reportó adecuadamente, o que el entrevistador no registró debidamente, por prisas, o porque el censo se hizo iniciando la pandemia y en muchos casos los censistas “rellenaron” los datos con información de vecinos, también el mismo INEGI “completó” información poniendo el promedio del vecindario, un procedimiento sumamente arbitrario y muy cuestionable. Estas situaciones nos llevan a calcular que los cristianos no católicos de México son alrededor del 20% del total de la población, más de 27 millones de personas y que estaban en pleno crecimiento antes de la pandemia de Covid19. Los católicos romanos considero que están en alrededor del 66%.

La pandemia obligó a cerrar los templos y esto implicó un cambio en los estilos de practicas religiosas, por ejemplo, aparecieron “iglesias multisituadas” que aplican modelos híbridos (presenciales y virtuales). Tenemos ubicados muchos cambios, pero necesitamos desarrollar estrategias de investigación que nos expliquen las transformaciones en los diversos y complejos mundos religiosos.

Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH

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