top of page

La derecha progresista que viene

  • Mar 30
  • 2 min read

Diego Martín Velázquez Caballero


Mientras la derecha histórica, esa del modelo Habsburgo, corporativista y clerical, se aferra a sus restos de poder mediante el cacicazgo, emerge una criatura más insidiosa: la derecha progresista de la efebocracia digital. No es una fuerza de liberación, sino el brazo ejecutor de un puritanismo algorítmico que ha convertido el aula en un tribunal de la Inquisición de bolsillo.

Estos jóvenes, que portan el celular como un panóptico personal, no son rebeldes; son los nuevos vigilantes de un régimen que los desprecia mientras les concede la ilusión de la superioridad moral. Es la minionización del espíritu: una masa que busca desesperadamente un villano carismático a quien servir y un chivo expiatorio a quien cancelar. Han sustituido el dato duro y el rigor científico por el fetiche de la identidad, validando una estructura autoritaria que utiliza lo tierno para ocultar lo putrefacto. Esta nueva derecha no necesita bayonetas cuando tiene estudiantes dispuestos a denunciar al maestro que osa interrumpir su letargo con la aridez de la política real o la termodinámica, el antropocentrismo o la geopolítica.

El sistema no necesita enviar al ejército a la plaza si puede enviar a la "masa minion" a linchar digitalmente a cualquiera que se salga del huacal. La "represión" hoy es la exclusión del mercado laboral, la muerte civil en redes y la asfixia presupuestaria de la inteligencia.

El conflicto que se avecina no será entre el progreso y la reacción, sino entre dos formas de servidumbre. Por un lado, el viejo orden de lealtades personales; por otro, esta vanguardia de consumo que confunde la empatía con la censura. Sin embargo, el despertar será trágico. En un México donde la infraestructura se desmorona, la contaminación devora el futuro y la administración pública es un botín de incompetentes, el algoritmo Sultán ofrecerá poco consuelo. El celular será una herramienta inútil frente a la crudeza de los trabajos rudos y la escasez que heredarán.

Están desarrollándose cortesanos digitales para un mundo que exige ingenieros y críticos. Mientras la clase política sonríe a la cámara, la inteligencia bebe su cicuta en silencio, consciente de que el espejismo de la libertad digital es solo la antesala de una nueva y más profunda oscuridad.

Gabriel Careaga desnudó a los universitarios del 68 no como revolucionarios románticos, sino como aspiracionales con un pánico profundo a la movilidad descendente. Según él, su "rebeldía" era en realidad una pataleta para que el sistema les garantizara su lugar en la pirámide de privilegios. Si aplicamos esta lente a la derecha progresista (la efebocracia digital), el escenario es aterradoramente cíclico.

Ojalá tengan tiempo de huir. Así como Robespierre terminó en la guillotina, esta efebocracia puede volverse contra el régimen si este no es lo suficientemente "puro" o "tierno" en un momento dado.

 
 
 

Comments


bottom of page