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La naturaleza del chambismo

  • Dec 15, 2025
  • 3 min read

Diego Martín Velázquez Caballero


La Fiscalía de Puebla generó varias expectativas debido al proceso de transformación que representaba el segundo piso de la Cuarta Transformación en la entidad; sin embargo, pronto la decepción se hizo presente. La burocracia vinculada a la institución se involucró en hechos de corrupción, socavando la confianza en la justicia. No es un fenómeno nuevo en este tipo de instituciones, desafortunadamente es la constante en Puebla y México. Aunque la exposición mediática ha servido para presionar a la alta burocracia y promover un impulso en el liderazgo de la dependencia, lo verdaderamente relevante es enfocarse en una falla estructural de la administración pública tanto local como nacional: la carencia de un servicio civil de carrera sólido.

La corrupción constituye un tema central en el análisis de la ciencia política mexicana; la ausencia de un servicio civil de carrera en las diferentes dependencias del aparato gubernamental intensifica las fallas, fomenta la ineficiencia y crea oportunidades para que se perpetúen vicios institucionales. La perspectiva antitecnocrática, antimoderna y antiacadémica de la Cuarta Transformación únicamente multiplica la ineficacia planificada, los errores y los problemas, además de contribuir a la erosión del estado de derecho y al incremento de la inseguridad. El antimodernismo, en su forma más dañina, ha sido a menudo utilizado como una excusa para justificar errores y retrasos en el proceso de transformación del país. En lugar de promover una verdadera modernización institucional, ha servido para reforzar prácticas como el clientelismo, el patrimonialismo y el caciquismo, que se han arraigado en la cultura política mexicana. Estas prácticas, lejos de favorecer el desarrollo y la eficiencia, constituyen verdaderos obstáculos que impiden el progreso y la modernización del país. La corrupción, el favoritismo y el autoritarismo son errores cotidianos que socavan la institucionalidad, generan desigualdad y perpetúan un sistema en el que el poder se sustenta en el control y la lealtad, en lugar de en la competencia y la meritocracia. Reconocer estos vicios como parte de una cultura política que debe ser transformada es fundamental para construir un Estado más justo, eficiente y democrático, capaz de responder a las demandas de la ciudadanía y de avanzar hacia un verdadero desarrollo.

La consigna populista de privilegiar la lealtad por encima de la capacidad es un mantra de la cultura política mexicana, de las leyes no escritas del sistema político así como de los usos y costumbres burocráticos. Durante el régimen priista funcionaba en esa misma línea, y su rémora permaneció como un talón de Aquiles en la etapa neoliberal. Ahora, ese método ha regresado con una fuerza imponente; el problema e que se quedan los chingones tontos. El país se encuentra atrapado en una administración pública que dificulta el desarrollo del Ogro Filantrópico. Incluso los regímenes autoritarios han necesitado personal competente; tanto los nazis como los comunistas buscaron, en su momento, la eficiencia y eficacia del aparato gubernamental para impulsar sus objetivos geopolíticos. Rafael Moreno Valle, en su mandato, despidió en promedio a 15 burócratas diarios y, pese a ello, nunca alcanzó los índices de una democracia de calidad, y los supuestos logros económicos se diluyeron en una corrupción invisible.

La Cuarta Transformación en Puebla todavía tiene la posibilidad de activar el cambio del orden feudal pétreo que guarda la entidad y que la mayor parte de los poderes fácticos se encargan de perpetuar.

 
 
 

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