Lo que era malo para Mexicali

Diario de un reportero

Miguel Molina

Y luego es miércoles, y uno se topa con la noticia de que la empresa Constellation Brands, que produce cerveza (entre ellas Corona, Modelo y Pacífico), vino y licores en ciento cincuenta países está interesada en instalar una cervecería en Tierra Blanca, con el beneplácito oficial, inviertiendo entre mil quinientos y tres mil millones de dólares, según el medio que uno lea. Pero eso es lo de menos.

Hace un año, la misma empresa tuvo que abandonar un proyecto parecido en Mexicali después de una consulta, que ganaron quienes señalaban que la fábrica afectaría las reservas de agua del municipio. Y ahora se interesa en Veracruz, en el sur del estado, donde – según el gobernador García Jiménez – hay tanta agua que uno de los problemas es las inundaciones. Tal vez fue un chiste.

A nadie se le ocurriría pensar que el agua de las inundaciones se puede controlar y aprovechar para la producción de cervezas, aunque desde hace un sexenio los ríos de la región de Tierra Blanca ya estaban seriamente contaminados por descargas de aguas residuales.

Pero el agua es el agua, y es motivo de conflictos ahora y era antes, desde el día de hace cuatro mil setenta y tantos años – tuvo que ser un martes – en que el rey Urlama desvió las corrientes de una orilla del Paraíso para dejar sin agua a la región de Umma.

Habrá que ver. En el discurso oficial, lo que se anuncia se da por hecho desde el momento en que se anuncia. Luego interviene la realidad, y las cuentas ya no son claras. Hace cuatro años (según cifras oficiales), se extraían unos veinticuatro millones de litros de agua al día de las fuentes acuíferas de Tierra Blanca. La cervecería – según la prensa especializada – puede necesitar alrededor de once millones de litros de agua para producir unos dos millones setecientos treinta y nueve mil setecientos veintiséis litros y doscientos mililitros de cerveza al día...

Habrá que ver. Después de todo los gobiernos – en Veracruz y en México – no han entendido el arte de prever, y terminan gastando más dinero en reparar los daños que en prevenirlos. No hay infraestructura para controlar emisiones ni procesar residuos industriales, no hay infraestructura caminera, no hay muchas cosas, como no hubo consulta a la comunidad que de pronto vería llegar una fábrica con empleo para quién sabe cuántos miles que cambiaría para siempre la vida de los terrablanquenses.

Uno no sabe nunca nada – como dice el bolero – pero no se sorprendería si surgieran grupos y organizaciones preocupados por un proyecto que va a aumentar cincuenta por ciento la extracción de agua en la zona. Bien puede aparecer el fantasma todavía fresco de la consulta popular. Lo que era malo para Mexicali no puede ser bueno para Tierra Blanca.

Desde el balcón

Hubo una luz grande, y al poco tiempo retumbó un trueno. La tarde se ensombreció en un calor pegajoso, impregnado del impreciso zumbido de los insectos en todas partes. Después vino la lluvia, que lava el mundo y adormece, y todo fue verde y tenía fulgores de agua, y siguió siendo miércoles.

Un miércoles de hace medio siglo, cuando era secretario de Recursos Hidraúlicos, Leandro Rovirosa Wade les dijo a los habitantes de la zona de Pátzcuaro que le reclamaban agua potable con el argumento de que el lago tenía de sobra: Dios da el agua pero no la entuba. La frase se usó después en una campaña para no desperdiciar el líquido, y todos la olvidaron hasta la tarde en que sonó el trueno y el cielo se vino abajo.