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Los Duros: policías políticos y su influencia

Aug 24
2 min read

Diego Martín Velázquez Caballero


La creciente relevancia de Omar García Harfuch obliga a mirar la política mexicana desde una prospectiva distinta. Su reciente participación en la conferencia internacional de la DEA en Buenos Aires no fue una simple aparición protocolaria. El director de la agencia estadounidense, Terry Cole, lo calificó públicamente como un socio de confianza y destacó su capacidad de cooperación frente a las amenazas transnacionales.

Omar García Harfuch y Estados Unidos, consolidaron una destacada alianza bilateral en materia de seguridad, alejada de las tensiones políticas. Harfuch representa, además, una continuidad histórica. Su trayectoria familiar está vinculada a una de las tradiciones más poderosas de los aparatos de seguridad mexicanos: su padre, Javier García Paniagua, dirigió la antigua Dirección Fede-ral de Seguridad, mientras su abuelo, Marcelino García Barragán, fue secretario de la Defensa Nacional durante el movimiento estudiantil de 1968. La DFS fue uno de los principales instrumentos de inteligencia y seguridad política del régimen priista durante la Guerra Sucia en México y Jalisco. Esa genealogía no significa que Harfuch reproduzca automáticamente las prácticas de aquellas generaciones, pero sí revela la existencia de una tradición de poder que combina policía, inteligencia, Ejército, información, intervención norteamericana y relaciones políticas.

En esa perspectiva pueden entenderse también figuras como Manuel Bartlett y otros integrantes históricos de los aparatos de seguridad; incluso de ascendencia libanesa. No se trata de una organización secreta ni de una estructura homogénea que haya sobrevivido intacta durante medio siglo. Se trata, más bien, de una cultura política: la convicción de que el Estado mexicano necesita un aparato de inteligencia fuerte para negociar con actores internos y externos.

La tradición de los grupos políticos de seguridad reconocidos por las agencias estadounidenses, pueden implicar una forma de cooperación entre México y Estados Unidos cercana al periodo de la Guerra Fría del siglo XX. Está emergiendo una élite política de seguridad e inteligencia cuya capacidad de interlocución con Estados Unidos será cada vez mayor.

Aunque LEA fue uno de los políticos que acompañó excesivamente la represión durante la Guerra Sucia en México, la corriente populista progresista cardenista que heredó al echeverrismo y significó políticamente la Cuarta Transformación, ha manifestado su profundo desacuerdo con este tipo de control norteamericano; sin embargo, frente a la realidad mexicana de ingobernabilidad, corrupción, incompetencia y violencia que han producido neoliberales y populistas, parece que no hay otro camino. ¿México logrará utilizar a esta nueva élite de seguridad para negociar con Washington desde una posición de mayor fortaleza? Si lo consigue, la cooperación puede convertirse en soberanía. Si fracasa, la cooperación puede transformarse en dependencia.

 
 
 

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