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México y Perú. La necesaria reforma política

  • fermarcs779
  • Jan 19
  • 3 min read

Xochitl Patricia Campos López


El sistema político mexicano, al igual que en otros países de América Latina con esquemas presidencialistas, se encuentra inmerso en un profundo debate sobre el modelo electoral. Más allá de Estados Unidos, el presidencialismo ha mostrado ser ineficaz en la región, enfrentando serios problemas de gobernabilidad que surgen de gobiernos divididos y procesos electorales altamente competitivos. México representa un caso especial, donde el sistema electoral ha sido objeto de cuestionamientos recurrentes y las reformas parecen estar atrapadas en un ciclo interminable que reproduce los mismos errores que han obstaculizado el desarrollo de los modelos presidencialistas en la región.


Giovanni Sartori, en su obra Ingeniería Constitucional, propuso el concepto de "presidencialismo intermitente", una idea que no necesariamente tiene implicaciones negativas y que ha sido conocida por algunos de los antiguos intelectuales vinculados al INE/IFE. El caso peruano, analizado desde el enfoque de Sartori, presenta un escenario singular. Aunque técnicamente posee un sistema presidencialista, en la práctica puede describirse como una fachada que opera bajo características propias de un parlamentarismo asambleísta. Este modelo ha provocado serios problemas de gobernabilidad y frecuentes crisis institucionales. Perú no ha consolidado un régimen parlamentario estable; más bien, ha experimentado una secuencia de desestabilización política, cambios en la jefatura de Estado y una fragmentación del poder que dificulta la administración del país. La aparente funcionalidad de un parlamentarismo no es más que una representación de la debilidad y el caos institucional, donde las estructuras formales son insuficientes para garantizar el orden y la estabilidad.


Los intentos de reformas en Perú han sido insuficientes frente a la fragilidad del sistema político. Lejos de corresponder a un parlamentarismo sólido, el país ha sido testigo de alianzas efímeras, políticas improvisadas y situaciones de crisis que han sobrevivido más por azar que por decisiones planificadas. En este contexto, describir a Perú como ejemplo de un modelo parlamentario sería incorrecto; su realidad refleja más bien un escenario híbrido marcado por conflictos internos y falta de liderazgo sostenido.


La referencia a Perú sirve como ilustración de cómo los sistemas políticos débiles o híbridos, al no establecer mecanismos robustos, están condenados a perpetuar profundas crisis. Superar estas problemáticas requiere voluntad política y reformas sólidas capaces de revertir las tendencias hacia la inestabilidad institucional.


Para México, es evidente que las discusiones en torno a las reformas electorales han generado resultados escasos y auguran riesgos significativos a corto plazo. Quizá una alternativa sería adoptar ciertos elementos del sistema electoral estadounidense para fortalecer el presidencialismo en México y mejorar su funcionalidad dentro del contexto nacional.


En última instancia, este debate pone de manifiesto tanto la desconfianza profunda entre sociedad civil y poderes fácticos como la ambición desmedida de los partidos políticos por mantenerse dentro del aparato presupuestal. Para América Latina en general, la consolidación de una gobernabilidad democrática es una necesidad histórica que las reformas electorales actuales no consiguen satisfacer.


La resistencia a cambios profundos perpetúa un escenario favorable para populistas y conservadores, quienes continúan aprovechando el sistema para sus intereses particulares. Es imprescindible impulsar una reforma estructural inspirada en propuestas como las de Sartori, que proponen mecanismos claros y eficaces para dar viabilidad al presidencialismo en contextos arduamente competitivos. Ignorar esta necesidad y persistir en otros enfoques podría seguir demostrando la incapacidad de la ciencia política mexicana para aplicar soluciones prácticas al conocimiento teórico acumulado, manteniendo las sombras del PRI sobre la forma de organizar elecciones independientemente del partido en turno.

 
 
 

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