Modificación al calendario escolar
- May 10
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Política para todos.
Otto René Cáceres Parra.
El reciente anuncio de adelantar el cierre del ciclo escolar 2025-2026, del 15 de julio al 5 de junio, anunciada por el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, y posteriormente confirmada por la presidenta Claudia Sheinbaum, constituye un yerro de enormes proporciones que revela una preocupante subordinación de la política educativa a intereses ajenos a la misma.
Las causas oficialmente esgrimidas, la extraordinaria ola de calor que azota al país y la celebración del Mundial de futbol, aunque atendibles en apariencia, ocultan las verdaderas omisiones estructurales que deberían estar en el centro del debate. Si el calor extremo vuelve inhumanas las condiciones en las aulas en amplias zonas del país, la pregunta obligada es ¿por qué no se ha invertido masivamente en infraestructura escolar resiliente? Nuestro país carece de un programa de climatización e infraestructura generalizada en escuelas públicas. En este sentido, la respuesta gubernamental no ha sido modernizar los miles de planteles educativos, sino recortar días de clase, convirtiéndola en una política de contención administrativa, no una solución de fondo.
Ciertamente el factor climático es real. Estados del norte del país han registrado temperaturas superiores a los 45 grados (en Mexicali el chiste se cuenta solo), mientras que regiones del sureste (Tabasco, Chiapas, Mérida) enfrentan niveles de humedad que pueden poner en riesgo la salud de estudiantes y docentes. En este contexto, la suspensión de actividades presenciales debería ser una medida de salud pública, no una estrategia pedagógica, radicando en ello el problema, confundiendo el gobierno federal atender una emergencia con desatender la educación. Los llamados “reforzamientos de aprendizajes” entre el 17 y el 28 de agosto, planteados de manera optativa y sin claridad sobre su operación, son un paliativo que reconoce tácitamente la pérdida de días efectivos de clase.
Sin embargo, el factor que ha desatado mayor indignación ciudadana es la evidente priorización del mundial de futbol. El que la SEP haya decidido adelantar las vacaciones escolares, coincidiendo con la Copa del Mundo, a inaugurarse en nuestro país el 11 de junio, es una señal inequívoca de que el espectáculo deportivo se colocó por encima de los derechos educativos de más de 24 millones de estudiantes. Sin duda, en las ciudades sede, CDMX, Guadalajara y Monterrey, la medida facilitará la movilidad urbana, reduciendo la presión sobre el transporte público durante el torneo a costa de un receso estudiantil de casi tres meses, desde el 5 de junio hasta el 31 de agosto, que trastoca la vida cotidiana de millones de familias.
Y es que las repercusiones para los padres y madres trabajadores pueden ser devastadoras. Las escuelas no solo educan, también cuidan, por tanto, un receso de doce semanas representa un costo de cuidado imprevisto, guarderías, campamentos, cursos de verano, cuidados familiares, que para sectores de bajos ingresos, población mayoritaria en el país, es simplemente inasumible. Aunado a ello, estudiantes que reciben alimentación escolar perderán esa fuente primaria de nutrición durante un periodo extenso, presionando aún más la economía doméstica, traduciéndose en costos de cuidado y costos de alimentación. Si a ello le sumamos quienes pueden pagar actividades extraescolares (deporte, artes, idiomas) deberán ajustar calendarios o buscar alternativas para los meses de junio y julio.
Al respecto, la Unión Nacional de Padres de Familia ya ha expresado su rechazo, exigiendo transparencia sobre los diagnósticos técnicos que sustentan la medida, puesto que dicha política parece estar diseñada desde criterios administrativos y logísticos, no desde las necesidades reales de las familias mexicanas. Mismo caso con la asociación de escuelas privadas, que si bien, no están en contra la disposición, si han manifestado su intención de mantener el calendario escolar original.
En este sentido, el impacto sobre los docentes también es grave. En el sector privado, el recorte de más de un mes podría traducirse en disminuciones salariales, mientras que, de manera general, la compresión curricular, perdiendo aproximadamente treinta días de clase, implica condensar evaluaciones y procesos administrativos en un periodo mucho más corto, incrementando con ello las cargas laborales. En el ámbito sindical, la medida ocurre en un contexto particularmente sensible buscando evitar protestas magisteriales durante un evento de alta visibilidad internacional como lo es la justa mundialista, dando la impresión de haber sido dicha decisión producto de un cálculo político más que de un criterio educativo.
AL respecto, la presidenta Claudia Sheinbaum matizó, desde la conferencia del pueblo, el anuncio, afirmando que era solo una propuesta, lo que hace pensar en una falta de coordinación y previsión en la toma de decisiones, confirmándose posteriormente la misma y vuelta a discutir entre los secretarios de educación del país. En este contexto, dicho ir y venir, parecería evidenciar una falta en asesoramiento al no prever las posibles consecuencias políticas y sociales en la materia, lo que ha llevado a que la opinión pública, a través de medios de comunicación y redes sociales, haya reaccionado mayoritariamente en contra, cuestionando la subordinación de la educación al deporte, viralizándose la expresión “pan y circo” resumiendo el sentimiento de una ciudadanía que ve cómo se prioriza el espectáculo sobre derechos fundamentales.
Ciertamente, la ola de calor, así como la movilidad que desencadenará el espectáculo mundialista es un fenómeno que el Estado debe atender. En este sentido, el llamado de la jefa de Gobierno de la CDMX a los empleadores, en términos de implementar home office durante los partidos que se disputen en la capital del país es acertada, aunque insistiendo en que la respuesta no debería centrarse en la modificación al calendario escolar. En este contexto, la presidenta Sheinbaum se encuentra a tiempo de rectificar o al menos exigir a su equipo de trabajo que diseñe medidas compensatorias reales, tales como inversión en infraestructura escolar o programas de cuidado infantil durante el receso, como garantías de que el reforzamiento de aprendizajes no será una ficción, entre otras. De lo contrario, esta decisión podría ser recordada como un ejemplo de cómo una mala asesoría en la implementación de una medida educativa gubernamental puede equivocar el rumbo al confundir lo urgente con lo verdaderamente importante.
La educación no puede ser rehén del calor ni del mundial de futbol, aunque sin duda sufrimos y disfrutamos de ambos, sobre todo del segundo cada cuatro años.
Póngase bloqueador. Seguiremos atentos.
@ottorenecaceres politicaparatodos10@gmail.com


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