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No sabemos, como siempre

Diario de un reportero

Miguel Molina


Sabemos que fueron setecientos trece mil doscientos turistas y gastaron más de seiscientos cincuenta y seis millones de pesos en la Cumbre Tajín de reciente memoria. Sabemos que fue, oficialmente, la más grande de la historia en actividades artísticas, enfoque cultural, asistencia y derrama económica, porque eso declaró Iván Martínez Olvera, secretario de Turismo de Veracruz.


Qué bueno. El Centro de las Artes Indígenas (CAI) del Parque Temático Takilhsukut de Papantla es patrimonio intangible de la humanidad y casa y ventana de la cultura totonaca, y eso es motivo de celebración y de encomio porque no en todas partes hay de eso.

Como hace once años, hubo ceremonias y rezos, y talleres de bordado, de telares, de juguetes y tallado de madera, de alfarería y de cocina, y pláticas de conocimientos médicos tradicionales, de plantas medicinales y de muchas otras cosas. Como hace once años, quise saber qué pensaban los maestros y qué opinaban los participantes en los talleres, qué habían enseñado los que estaban y qué habían aprendido los que fueron.


No hallé nada. No encontré el discurso oficial ni hubo mayor cosa en los medios que se ocuparon del asunto. Cuando mucho hubo declaraciones de funcionarios

como el secretario de Turismo. Supimos quiénes iban a actuar en el festival (que poco tienen que ver con la cultura de la región), pero no sabemos qué dijeron los indígenas sin nombre, ni oímos la música que se hace ahí, ni vimos la obra de las alfareras ni de las tejedoras, ni de los artesanos, ni sabemos cómo se llaman.


Seguimos sin saber cómo curan los sanadores ni tenemos idea del sabor de los platillos que preparan las cocineras, ni tenemos idea de lo que cuentan o contaron los narradores ni de la obra de otros artistas. A ningún reportero, a ninguna reportera, se le ocurrió ir más allá del boletín de prensa.


Mucho menos sabemos cómo se benefician los totonacas del Tajín con todos esos millones que dijo Martínez Olvera. Uno pensaría que los totonacas son gente que no se ve, y que a fin de cuentas son menos importantes que el discurso oficial. Como hace once años, como siempre.


Conferencias magistrales

Me dijeron que había unas mil personas en el auditorio. Casi todos eran estudiantes, aunque también fue un buen número de adultos tal vez interesados en lo que tenía que decir sobre el cambio climático y el costo del calentamiento global en México. A media conferencia me di cuenta de que sólo las primeras diez filas prestaban atención. Los de atrás eran una masa inquieta que hablaba sin cesar en voz no tan baja.


Recordé ese episodio cuando leí la noticia de que Claudia Sheinbaum va a dar una conferencia magistral en una esquina de Coatzacoalcos – Ignacio de la Llave y Carranza –, donde una multitud bajo un cielo sin nubes y a treinta y dos grados a la sombra escuchará a la señora hablar sobre Políticas exitosas en beneficio de la ciudadanía.


No es la primera vez que Sheinbaum aborda el tema en Veracruz. En noviembre del año pasado estuvo en Tuxpan, y expuso los logros de su gobierno ante más de nueve mil personas, acompañada por el gobernador Cuitláhuac García y la secretaria de Energía Rocío Nahle. Quién sabe cuántos miles habrá en Coatzacoalcos, pero serán muchos, y todos irán porque quieren.


Tales concentraciones ofrecen mucho material para cualquier reportero – o reportera – con un poco de curiosidad. Basta con preguntar a cualquiera de los asistentes (sobre todo a los más alejados del templete) qué le pareció la conferencia, qué fue lo más interesante de lo que dijo la funcionaria, cuáles de las políticas exitosas en la capital del país podrían aplicarse en el estado. Quizá es mucho pedir.


Desde el balcón

Uno mira los narcisos que mueve la brisa de la tarde y piensa en la exhibición que vio hace poco en el museo Rietberg de Zurich: Ser jaino, una muestra extraordinaria sobre el arte y la cultura de una de las religiones indias que se basa en la no violencia, la sinceridad, la rectitud y la renuncia a las personas y las cosas.


Uno le da un sorbo a la malta y recuerda el consejo jaino: el conocimiento correcto no sirve si no hay una conducta correcta, y una conducta correcta no sirve sin el conocimiento correcto. Antes de pensar en política, uno le da otro

sorbo a la malta. El whisky no tiene las respuestas, pero a veces ayuda a olvidar las preguntas.

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