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Pronósticos mexicanos sobre Donald Trump

  • Jul 20
  • 4 min read

Diego Martín Velázquez Caballero


Además de la emoción que promueve la final del mundial 2026, también para los mexicanos ha resultado sorpresiva la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en los eventos protocolarios del partido España/Argentina. El mundial también capturó el intervencionismo de Donald Trump; empero, ahora, seguramente vuelve a la cuestión mexicana para seguir sumando puntos a las elecciones intermedias de este año. ¿Qué sucederá con Donald Trump y México? La imagen de Claudia Sheinbaum acompañando a Donald Trump es importante, significa algo frente a la dinámica de análisis críticos respecto del redimensionamiento del narcotráfico en México. ¿Puede la magia de un balón enmendar una de las más graves crisis entre México y la Unión Americana?

Desde la perspectiva de Víctor Hernández Ojeda, la perspectiva geopolítica apunta a un escenario donde Estados Unidos, ante la ineficacia de las políticas mexicanas y la creciente amenaza que representa el narcotráfico, decida intensificar su intervención, ya sea mediante acciones militares, acuerdos bilaterales o una suerte de operación híbrida que combine desestabilización y control indirecto. La estrategia de la administración estadounidense sería, en un plazo no muy lejano, consolidar una presencia más activa en México para evitar que los cárteles financien una guerra cultural y económica que pueda desbordar en su territorio, debilitando aún más la seguridad y la economía de Norteamérica.

La identificación del narcotráfico con el terrorismo que estableció unilateralmente Donald Trump, con la consiguiente justificación para una acción militar sin límites jurídicos ni humanitarios, ha cambiado la dinámica del problema, transformando la lucha en una confrontación que prioriza la destrucción de los grupos criminales bajo un esquema de guerra total, sin considerar las raíces sociales y económicas que han alimentado la violencia en México. La estrategia de Estados Unidos de convertir a los cárteles en grupos terroristas, refuerza la percepción de que el problema es de seguridad nacional y no de orden social, lo que incrementa la posibilidad de una escalada militar y de una pérdida de soberanía en la gestión interna del Estado mexicano. La intervención estadounidense no es reciente ni coyuntural, sino que ha sido de larga data, como señaló también Andreas Schedler, está operando en un nivel de guerra de baja intensidad entre los cárteles y las agencias norteamericanas, en un juego que combina la criminalidad y la seguridad nacional. La propuesta de Hernández de que México debería abrir las puertas a las fuerzas armadas estadounidenses y ceder el control en la lucha contra el narcotráfico, si bien puede parecer una salida, en realidad profundiza la vulnerabilidad del país, proyectando un escenario donde la presencia militar extranjera se vuelve esencial para mantener cierto orden, pero a costa de la autonomía y la estabilidad institucional. La situación de México frente al intervencionismo de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico se ha convertido en un escenario de alta complejidad y tensiones que, a largo plazo, parecen encaminadas a una profundización del conflicto y a una posible transformación del orden político y social del país.

George Friedman ha planteado que el conflicto entre México y Estados Unidos en torno a las drogas podría cristalizar en una confrontación definitiva hacia el año 2080, en un proceso que, desde su visión, se ha ido gestando desde hace décadas y que actualmente se presenta como una intervención militar necesaria para evitar que los cárteles financien una guerra cultural y económica que altere de manera irreversible la relación entre ambos países, apunta a un escenario en el que la geopolítica y la economía se entrelazan en un proceso de desestabilización prolongada. La pretensión de que México pueda convertirse en una especie de territorio en disputa, con una influencia creciente del crimen organizado y una pérdida progresiva de control estatal, sugiere que en los próximos años la tensión se agudizará, con riesgos de fragmentación y de una posible pérdida de soberanía que facilitaría una intervención extranjera más abierta y definitiva.

El poder del narcotráfico, la economía informal y la corrupción en detrimento del Estado Mexicano, se corresponden, según Joy Langston, por una cultura populista y clientelar que ha generado una corrupción endémica, una informalidad estructural y un desfase con los estándares occidentales de institucionalización y desarrollo económico. La incapacidad del Estado para reformarse y consolidar un poder efectivo, sumada a la presencia de un crimen organizado que opera como un poder paralelo, ha creado un escenario donde la violencia y la desinstitucionalización se han convertido en la norma. La estudiosa del PRI y docente del CIDE, piensa que las reformas neoliberales fueron insuficientes y, en muchos casos, contribuyeron a profundizar la desigualdad y

la corrupción, abriendo espacios para que el crimen organizado se consolidara como un poder fáctico. La persistencia de estos problemas, en un marco de crisis social y económica, hace prever que la inestabilidad y la violencia se intensificarán si no se implementan reformas profundas que desmantelen las redes de corrupción y creen un Estado fuerte y legítimo.

Esta fragmentación institucional y social, que se ha perpetuado a lo largo del tiempo, ha facilitado la expansión del crimen organizado y ha impedido una respuesta coordinada y efectiva frente a los desafíos de seguridad. La situación actual, en la que los gobiernos parecen impotentes para contener el avance de los grupos criminales, indica que en los próximos meses México podría experimentar una intensificación de la violencia, una mayor fragmentación social y un debilitamiento de las instituciones democráticas, lo que facilitará la entrada de Estados Unidos, en una estrategia que puede ir desde el control directo hasta una ocupación encubierta.

Con todo, la presencia de Claudia Sheinbaum con Donald Trump embruja la prospectiva y admite el sueño-pesadilla de que la Sicilia Norteamericana que es México, continuará como hasta ahora, o peor, y que Estados Unidos tiene el verdadero control de las cosas

 
 
 

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