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Puebla: ¿Se descarrilla la alternancia?

Diego Martín Velázquez Caballero

En algunas entidades el faccionalismo predomina por encima de los proyectos y partidos políticos, así ha sido en la entidad donde el cacicazgo avilacamachista retumba por todas partes. Y como ocurrió con el General oriundo de Teziutlán, la muerte decide abruptamente el destino político de los poblanos. Aunque se considera que la verdadera democracia radica en el fin de las cosas, la fatalidad también es una condena totalitaria que no puede evadirse en Puebla.

La desaparición del gobernador constitucional Miguel Barbosa genera un vacío de poder que afecta a las élites locales y muestra el desgaste que genera el encono entre el centro y la periferia, entre Puebla y la Federación. Aunque el prebostazgo de Maximino Ávila Camacho sirvió para condensar una hegemonía pétrea de los grupos que apoyaron su dominio, la desaparición del líder personalista generó un modelo de negociación y lealtades volátiles que metió a Puebla en una gobernabilidad de fachada. Rafael Moreno Valle sobrepasó el avilacamachismo y pretendió generar desde lo local una plataforma para alcanzar el poder de la república, la caída de su persona demuestra el alcance y costo del provinciano y oligárquico Grupo Puebla.

En Puebla, la lucha entre el PRI local y el PRI del DF sigue marcando el ritmo de la lucha por el poder. El muégano avilacamachista es fortísimo, pero siempre vulnerable por su carencia de proyecto, lealtad y personajes. El caciquismo rural y tradicionalista no puede ser la marca eterna de Puebla, tal ha sido el mensaje del centro desde hace varios años y de las incipientes clases medias progresistas urbanas, pero el muégano poblano no cede, realiza todo lo que sea necesario para mantener el conservadurismo y no mover nada, ni un ápice de modernidad o cambio. Aunque envuelto en la militancia morenista de izquierdas, Barbosa no siempre apoyó las políticas del gobierno federal y se confrontó a las militancias progresistas de su propio partido, incluso coincidió más con los grupos de oposición a AMLO y cercanos al nacionalismo católico. La empatía no miente, ni las carteras en la administración pública.

La sucesión en Puebla se imaginaba en una prospectiva semejante a la capital de la entidad, es decir, un gobierno morenista de reducida efectividad que generaba un realineamiento político en el control ejecutivo. Aunque si se mira más cerca, parecía más un plan con toda la maña del mundo. Inclusive se llego a pensar: “Barbosa no pondrá gobernador, pero negociará las mejores posiciones para su grupo”, es decir, el muégano poblano, el PRI local.

Las vicisitudes de su desaparición dejan en la orfandad a las élites poblanas de Puebla. ¿Tendrán Plan B, C, D o n?, ¿Se sujetará el Grupo Puebla a la influencia de la presidencia de la república, al demonizado AMLO?, ¿Tiene cancha libre el PRI del DF, es decir, Nacho Mier? El poderoso morenovallismo se extinguió en un tris tras, así sucederá con el barbosismo, así sucede con las facciones personalistas en la vida cuando no han sido capaces de hacer partidos, proyectos y, sobre todo, ciudadanía política. Pasan los gobiernos y Puebla sigue siendo de las entidades más pobres y marginadas del país, la indolencia de las élites es peor que la de Pedro Páramo.

El laberinto de la poblanidad depende de los fuegos fatuos y la poesía del crimen.

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