Sheinbaum y Johnson: ¿última oportunidad?
Xochitl Patricia Campos López
El encuentro de la presidenta Claudia Sheinbaum con el embajador estadounidense Ronald Johnson en Palacio Nacional puede parecer una reunión diplomática más. Sin embargo, ocurre en un momento decisivo: Estados Unidos se prepara para las elecciones legislativas de noviembre y México enfrenta una etapa crucial en la relación comercial con su principal socio. La revisión del T-MEC ya está en marcha y Washington ha expresado reservas sobre su renovación en los términos actuales. No es tiempo de improvisar. La pregunta es si México comprende la dimensión de esta coyuntura o si volverá a dejar pasar una oportunidad histórica.
México tiene una ventana estratégica que podría estrecharse después de las elecciones legislativas estadounidenses. No se trata de predecir su resultado, sino de advertir que los cambios en el Congreso, las prioridades comerciales y la revisión del T-MEC pueden modificar las condiciones en las que México negocia su futuro económico.
Lo que México decida hoy sobre inversión, energía, seguridad y certidumbre jurídica condicionará su capacidad de respuesta mañana. La última llamada no sería una invitación a alinearse incondicionalmente con Washington, sino a llegar a la siguiente etapa de la relación bilateral con una estrategia propia.
La competencia entre Estados Unidos y China está reorganizando la economía mundial. Las empresas buscan cadenas de suministro más seguras, nuevas plantas industriales y acceso confiable a energía, tecnología y mercados. México tiene una ventaja excepcional: comparte una extensa frontera con la mayor economía del mundo, cuenta con una base manufacturera importante y participa en un acuerdo comercial que integra a América del Norte.
Pero ninguna ventaja geográfica garantiza el progreso. Para atraer inversiones se necesitan electricidad, agua, seguridad, infraestructura y tribunales confiables. También hacen falta reglas claras y un gobierno dispuesto a evaluar sus decisiones por sus resultados.
Las elecciones estadounidenses pueden modificar las prioridades del Congreso y el margen político para los acuerdos comerciales. México no puede controlar esos resultados, pero sí puede decidir con qué instituciones, argumentos y capacidades llegará a la siguiente etapa de la relación bilateral.
Por eso, el encuentro en Palacio Nacional debe leerse como una señal de la urgencia. México necesita una estrategia de largo plazo que trascienda los sexenios y coloque la inversión, la educación, la seguridad y la innovación en el centro de sus prioridades.
Quizá ésta sea nuestra última llamada, no porque el futuro esté escrito, sino porque las oportunidades estratégicas no permanecen abiertas indefinidamente


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