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SRE. Poder Blando e imperialismo norteamericano

  • Apr 6
  • 2 min read

Xochitl Patricia Campos López


La llegada de Roberto Velasco como nuevo secretario de Relaciones Exteriores en México marca un cambio importante en la política exterior del país, pero también revela ciertas tendencias que merecen reflexión. En un contexto donde México ha dado pasos firmes en defensa de la causa palestina, reconociendo oficialmente al Estado de Palestina y denunciando el genocidio en Gaza, la elección de Velasco puede parecer un movimiento positivo, pero en realidad refleja una postura de poder blando que busca confrontar a Estados Unidos y a sus aliados, incluso poniéndose en el filo de la navaja de la coherencia y la ética internacional.

Velasco, un funcionario con una trayectoria que se ha desarrollado en medio de negociaciones delicadas con el gobierno de Donald Trump, ha sido celebrado por ciertos sectores de la comunidad LGBTIQ+ y por algunos políticos que ven en su perfil una oportunidad para fortalecer relaciones internacionales. Sin embargo, su nombramiento también revela una posición de provocación, de querer mostrar una imagen distante de Estados Unidos y sus intereses, particularmente fastidiando a Donald Trump, en un momento en que las relaciones internacionales requieren de una postura clara y firme frente a temas tan sensibles como el conflicto en Palestina y la guerra en Irán.

Por otro lado, ha sido lamentable y penoso justificar la llegada de Roberto Velasco haciendo que algunos cuadros de Morena señalaran la relación con el sionismo de Juan Ramón de la Fuente, quien fue reconocido por organizaciones israelíes. La asimilación de políticos morenistas respecto del genocidio y el apartheid en Palestina implica judeofobia y antisemitismo, así como una aceptación tácita del terrorismo árabe y rechazo a Norteamérica.

El nuevo secretario de relaciones exteriores parece representar más una estrategia de poder blando que una verdadera defensa de los valores internacionales de justicia y soberanía. La provocación y el alineamiento con intereses externos parecen ser la constante, dejando de lado las voces que exigen una postura realista y valiente frente a Donald Trump. La política mexicana, en lugar de ser un ejemplo de independencia y coherencia, se convierte en un escenario donde el favoritismo y las alianzas ocultas pesan más que los principios.

En definitiva, la relevancia de los vínculos de Juan Ramón de la Fuente con el sionismo resulta ser un asunto secundario frente a la dinámica de poder que ahora se busca proyectar con Velasco. La verdadera cuestión es si México logrará mantener una postura digna y coherente en el escenario internacional, o si continuará siendo un actor que antepone intereses externos a los derechos humanos y la justicia. La provocación y la complacencia no son caminos que conduzcan a un país con una política exterior respetable y ética.

 
 
 

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