Trump. Imperio versus Imperialismo
- fermarcs779
- Mar 31
- 3 min read
Xochitl Patricia Campos López
Las dificultades del neoliberalismo fueron planteadas desde el momento de su aparición. Aunque el colapso de la Unión Soviética brindó algún optimismo al pensamiento único respecto del fin de la historia y el universalismo del homo economicus; lo cierto es que se columbraba como tendencia el choque de civilizaciones y la modificación paradigmática del Estado. Las batallas han dado lugar a fenómenos más interesantes que estas tendencias, principalmente la contradicción entre Imperio e Imperialismo.
Los teóricos Michael Hardt y Antonio Negri señalan que el neoliberalismo estableció un juego sucio donde las plutocracias debilitarían al Estado, las oligarquías tomaron demasiada ventaja incluso del imperialismo norteamericano y, ahora, esta parece ser la situación que se manifiesta en la Unión Americana. Trump coincide en que el triunfo del Imperio es necesario para que los imperialismos desaparezcan y Estados Unidos consiga sobrevivir como subordinado de este nuevo poder fáctico. El único camino del pueblo americano es mantener este nuevo camino de servidumbre.
La decisión de disminuir drásticamente el aparato público norteamericano confirma que el Imperio se impone al Imperialismo; por lo tanto, los bienes públicos están en camino de privatizarse y la nación de los grandes empresarios será encargada de asignar los valores autoritativos.
¿Cómo piensa enfrentar Trump a la superpotencia China si deja a la sociedad estadounidense sin educación? ¿Cómo enfrentará el consumo de drogas en su país si desaparece el Departamento de Salud o las agencias encargadas de perseguir al narcotráfico? Los dilemas del liberalismo hacen recorrer a Donald Trump los extremos del anarquismo y el individualismo salvaje extremista; quizá, ha terminado por parecerse al presidente argentino Javier Milei y Jason Voorhes con la poderosa motosierra destructora del presupuesto público. El liberalismo sostiene la idea del Estado Mínimo y los ensayos del Federalista desarrollados por Hamilton, Jay y Madison, nunca se posicionaron por un estado débil o eunuco como pretende convertirlo el presidente Trump; es importante un estado capaz de proteger el mercado y derrotar a los monopolios. La decisión de eliminar el sector público norteamericano es terrible y advierte que la Casa Blanca está siendo entregada al poder invisible de la plutocracia monopólica.
El gobierno del republicano Donald Trump ha puesto en cuenta regresiva a la sociedad estadounidense con las medidas recién ejecutadas, la desaparición que se avizora respecto de los Departamentos fundamentales para la política social no es justa para el ciudadano promedio; empero, no es necesario aclararlo para el trumpismo, representa la vía única para persuadir a los plutócratas de su país y otros elementos exteriores –como Rusia- para tratar de inhibir el poder que ha tomado China y que parece no temerle más a Norteamérica.
La cintas distópicas de Adam McKay y Neill Blomkamp, como lo señalan varios analistas, confirman que Donald Trump será el enterrador de Estados Unidos, la protección de los plutócratas por encima de la sociedad y el mercado representan el desengaño del MAGA. Estados Unidos será un Estado de bienestar para las élites y se olvidará del pueblo por completo, no habrá ni siquiera el perfil mínimo de la clase
media como en el pasado inmediato, si con los Bush se consideraba borracho al timonel de EEUU, Mister Carrot avanza en sentido contrario conscientemente. Trump no es un fascista antiliberal como afirmaba al principio, es el promotor global de los tecnofeudales para la desaparición del Estado Nación.






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