top of page

Ultraderecha Alemana e impacto mexicano

3 days ago
3 min read

Diego Martín Velázquez Caballero


El triunfo de la ultraderecha alemana, representado principalmente por el partido Alternativa para Alemania (AFD), ha generado un impacto considerable en el panorama político internacional, incluyendo a los países latinoamericanos. En particular, en México, esta victoria puede tener implicaciones profundas en el comportamiento electoral y en la percepción de las fuerzas políticas, especialmente en un contexto de polarización política y de crisis de confianza en las instituciones tradicionales. ¿Puede influir la AFD en los electores mexicanos reforzando discursos nacionalistas, anti-inmigrantes y anti-establishment, contribuyendo a una mayor polarización y a un aumento del apoyo a figuras y partidos políticos de derecha en México? La respuesta es altamente probable aunque con ciertos matices, es apresurado concluir que este proceso tendrá en México una influencia comparable a la que tuvo el nazismo.


La derecha mexicana posee una genealogía propia, en la que confluyeron el hispanismo, el nacionalismo católico, el conservadurismo social y, en determinados momentos del siglo XX, referencias provenientes del franquismo español y del fascismo europeo. Existieron incluso sectores filonazis mexicanos que observaron con admiración a Adolfo Hitler cuando Alemania se convirtió en una potencia de alcance verdaderamente global. La situación actual es distinta. AFD apenas comienza a proyectarse como un actor capaz de modificar el equilibrio político europeo, mientras que el nazismo llegó a representar, antes de la Segunda Guerra Mundial, un proyecto de poder estatal y geopolítico de dimensiones planetarias y milenaristas.


Por ello, más que hablar de una nueva derecha mexicana modelada directamente por Europa, resulta pertinente observar la persistencia de tradiciones conservadoras anteriores. Buena parte de los sectores conservadores mexicanos continúa vinculada, aunque sea de manera indirecta, a formas de paleoconservadurismo, al nacionalismo católico y a imaginarios geopolíticos asociados con el espacio del Intermarium y el siglo XVI español. En este sentido, las derechas mexicanas no necesariamente necesitan importar el discurso de AFD para radicalizarse: cuentan con una tradición intelectual e histórica propia sobre la cual construir nuevas posiciones.


Los referentes latinoamericanos pueden resultar mucho más influyentes. Chile, Colombia, Argentina y El Salvador ofrecen experiencias de reorganización de las derechas alrededor de la seguridad, el nacionalismo, el orden social, la reducción del Estado o la confrontación con las izquierdas progresistas. Estos procesos pueden interpretarse como intentos de reconstruir un orden conservador latinoamericano que, en ciertos aspectos, recupera imaginarios históricos vinculados con el antiguo mundo hispánico y con lo que podría denominarse metafóricamente un Modelo Habsburgo: centralización política, jerarquía social, autoridad y continuidad cultural.


Ecuador ofrece, además, una dimensión decisiva: el realineamiento de sectores políticos latinoamericanos con la geopolítica norteamericana impulsada por Donald Trump puede tener mayor capacidad de irradiación regional que la propia AFD. La influencia estadounidense opera mediante relaciones económicas, comerciales, militares y diplomáticas mucho más inmediatas para México y América Latina.


Las derechas europeas y latinoamericanas responden a procesos sociológicos diferentes. Mientras AFD se desarrolla en el contexto específico de la inmigración, la crisis del modelo económico alemán, la transformación demográfica europea y las tensiones dentro del proyecto comunitario, las derechas latinoamericanas se articulan alrededor de problemas propios: inseguridad, desigualdad, corrupción, crisis institucional y polarización ideológica.


La principal influencia de AFD es simbólica y geopolítica. Su crecimiento demuestra que una fuerza de derecha radical puede transformar el sistema de partidos de una democracia consolidada. Pero para que esa experiencia adquiera verdadera capacidad de penetración en México tendría que articularse con tradiciones locales y con las circunstancias particulares de América Latina. La historia del nazismo recuerda, además, que una corriente política puede adquirir una dimensión internacional muy superior a la que inicialmente parecía posible.

Precisamente por ello, el fenómeno debe observarse con atención, sin confundir su creciente relevancia europea con una influencia ya consolidada sobre la sociedad mexicana.

 
 
 

Comments


bottom of page