Una lucha permanente

Divagaciones de la Manzana

Martha Chapa

Cada vez que aparece el tema de la pandemia a la hora de la sobremesa, no dejo de recordar las primeras referencias en tiempos de mi niñez.

Recuerdos agridulces, como aquellos cuando empezaba a cursar la primaria y ya se hablaba de ese ente devastador de la poliomielitis que discapacitaba a muchos niños para toda la vida, aunque a la vez, tengo presente el momento jubiloso de las primeras menciones al doctor Salk y su prodigiosa vacuna contra tan espantosa enfermedad.

Igual, se oía en esos tiempos de otros males que habían experimentado generaciones anteriores, cómo la viruela que dejaba huellas espantosas en el rostro por las póstulas que tornaban en cicatrices imborrables.

Vendrían años más venturosos con las campañas de vacunación que se extendieron desde los años sesenta en adelante e hicieron factible la radicación de enfermedades como el sarampión, entre otras.

Pero luego, al cerrar el siglo 20 21, reaparecieron otras olas pandémicas y nos sorprendió primero la influenza que causó gran alarma, aunque nadie calculó que sería el preámbulo de una pandemia expansiva y más amenazante, como ha sido el coronavirus, que tan sólo en nuestro país ha cobrado ya más de 300 mil vidas. Y cuando creíamos que empezábamos a superar esa pesadilla, surgió otra como variante de dicha sepa, ya se trate de Delta o el Ómicron, que aún no desciframos satisfactoriamente ni lo hemos vencido, además del mal manejo y tantas contradicciones en las acciones de quienes ocupan cargos de gobierno.

Así, por una parte se nos exhorta a mantener los mismos cuidados que hemos tenido durante estos años recientes con motivo del COVID, en tanto que hoy nos dicen que ni pruebas nos hagamos cuando aparezcan los síntomas de ese virus o de los recién conocidos y anunciados, porque con las vacunas que hemos recibido quedan en realidad reducidas a una simple y pasajera gripe.

En esa misma latitud de razones y sin razones, no dejo a la vez de comparar el hecho de que en Europa han decidido vacunar a los niños, mientras que aquí todavía seguimos negando la validez de vacunarlos. Por igual, en el sistema escolar, se dice que se menciona el daño que han sufrido las nuevas generaciones a falta de una educación presencial y sus secuelas de aislamiento y falta de convivencia, con lo que coincido, aunque al mismo tiempo existen presiones evidentes de regresar a clases más allá de los riesgos que entraña. Son pocas las instituciones, que responsablemente se han opuesto al regreso a clases, hasta no quedar totalmente vacunados alumnos y maestros, como ha ocurrido legítima y acertadamente en el caso de diversas universidades públicas y privadas.

Pero, en lo que van y vienen contagios y decesos, seguimos en el dilema de qué y cómo enfrentar más y mejor estas pandemias que nos amenazan con permanecer muchos años más entre nosotros, bajo el señuelo de apostarle irresponsablemente a la inmunidad del rebaño, que por tratarse de un virus mutante requiere de esfuerzos mayores e integrales.

En todo caso, si bien me inclino por que tratemos de normalizar lo más pronto posible la vida social, tampoco la omisión y menos aún la negligencia de hacerlo apresuradamente, son la solución e incluso hasta podrían conducirnos a un hoyo más negro y hondo.